Hace unos años escribí una reflexión sobre la transformación digital y el deporte como un nuevo paradigma en una sociedad hipermoderna, en la que el tecnohumanismo serviría de puente entre el deporte tradicional y el digital. Y aquí subrayo el concepto de "transformación digital", por encima de lo que se ha dado en llamar "digitalización". Para digitalizarnos, en ocasiones nos puede empezar a valer un correo electrónico o un perfil social. Transformarnos implica un viaje mucho más complejo con una estrategia global.

La situación actual ha dejado innumerables ejemplos donde el trabajo, la educación, el ocio, el juego y, cómo no, el deporte se ha adaptado a ese nuevo espacio digital que convive con naturalidad en el bienestar general. En mi ámbito, la educación, la gamificación o ludificación abre la puerta a la innovación, aportando procesos de aprendizaje donde el alumno se convierte en el centro a través de los videojuegos.

Las tecnologías digitales han llegado al deporte: ofrecen un medio necesario para buscar una mayor visibilidad, con vistas a un futuro mejor. Hemos leído en estos días como el Consejo Superior de Deportes ha creado una mesa de trabajo sobre los esports donde su director general, Joaquin de Aristegui destacó que, y cito, "el CSD va a acompañar a la sociedad y a cualquier manifestación del ecosistema deportivo en el proceso de transformación digital del deporte, y por eso ha considerado necesario conocer la realidad del sector de los eSports".

El CSD asume claramente lo que ya dijo Voltaire: "Si no quieres aceptar los cambios de tu tiempo, te quedarás con lo peor". Y este es nuestro tiempo, porque lo estamos viviendo. En este momento excepcional provocado por la Covid-19, los deportes electrónicos y el deporte convergen para anticipar que lo físico y lo digital convivirán entrelazados, en lo que algunos denominan la nueva sociedad Phygital.

Es cierto. Las tecnologías disruptivas transformarán la vida de las personas. El 5G, la Realidad Aumentada, el blockchain, la gamificación o el IoT (el Internet de las Cosas). Personalmente, me gusta añadir a todo ello algo fundamental: el Internet de las Personas (IoP) como la esencia del bienestar de todos.

El deporte se tendrá que Optimizar, Interconectar y Reimaginar. La digitalización ha ganado un espacio en nuestra vida diaria y, por ende, en una de sus prácticas de valor como es el deporte. Nos encontraremos con un nuevo modelo deportivo digital en su plan de negocio (ya lo vemos, en las divisiones esports de clubes consolidados, federaciones), un nuevo ecosistema digital (en continua transformación), una nueva forma de consumir el deporte y de relacionarse.

El Big Data se empleará de forma genérica en el análisis deportivo, dejando pequeñas las estadísticas con las que ya nos abruman los expertos de la NBA. Y se producirán cambios estructurales y organizativos en federaciones, clubes, ligas y competiciones organizadas al más alto nivel.

Es preciso, claro, regular el espacio digital de forma decidida, también desde lo público: desde lo privado se impulsan grandes torneos, rankings y todo un universo apto para innovadores, que son aquellos que crean un nuevo producto, a diferencia de los emprendedores.

Quién nos diría ayer que en la actualidad el Ministerio el de Cultura y Deporte no quiere alejarse de esta nueva realidad digital, ya sea en la música, arte y, cómo no, en el deporte. Porque el deporte (incluido el digital) también es cultura.

Hoy nadie quiere estar fuera de juego. De ahí la propuesta de un Plan Marshall para el deporte llevado a cabo por una unión de federaciones autonómicas entre las que se encuentran Aragón, Cataluña, Madrid, Andalucía, Murcia, Baleares, Castila León o Euskadi. Un plan que propone medidas para la recuperación de las entidades deportivas ante la crisis de la Covid-19.

Se trata de una estrategia 360 para el deporte, con acciones transversales, articuladas en cuatro pilares estructurales de actuación: la digitalización, la fiscalidad, la ocupación y el apartado financiero. Cuatro columnas que a su vez incluyen medidas de cada uno de los ámbitos de la gestión y la práctica del deporte y que además contemplan las acciones formativas para garantizar la adaptación a esta nueva realidad.

De forma clara, cristalina, la iniciativa refleja que la crisis de la Covid-19 ha llegado antes que la transformación digital. El escenario en el que de repente nos hemos visto ubicados ha hecho evidente la urgente necesidad de trabajar en la implementación, a medio plazo, de una verdadera estrategia de transformación digital del deporte. Dentro de sus objetivos destacan elementos claves a incentivar en este proceso: la firma digital, los acuerdos telemáticos, la formación, la digitalización de la gestión€ y la inclusión de los esports. Así, se propone "reconocer la práctica digital de videojuegos como disciplina deportiva de la modalidad correspondiente a la cual se dedica".

La tecnología pretende cambiar el deporte pero jamás se podrá olvidar sólo es un medio, y que la esencia siempre serán las personas. Su buen uso deberá dibujar el nuevo camino en esta sociedad transhumanista, que asume una tecnología humanizada. Un tecnohumanismo. Hablamos de las ciudades inteligentes, las Smart cities, y en ellas vivirán personas. Lo que queremos son personas inteligentes que sepan vivir en una ciudad inteligente. Podemos usar la inteligencia artificial, los videojuegos, el Big Data, pero por encima de todos tendremos que valorar el Human Data.