23 de julio de 2020
23.07.2020
El bar de Pepe

La obsolecencia del ser humano

22.07.2020 | 23:30
La obsolecencia del ser humano

La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño del mismo, este se torne obsoleto, no es funcional, inútil o cuesta más mantenerlo funcionando que su aportación útil.
Desde hace una veintena de años, y no sé muy bien por qué razón, me vengo preguntando sobre la longevidad del ser humano y sus consecuencias, más allá de creencias religiosas y de planteamientos de derechos humanos, vivir mucho tiempo puede ser perjudicial para la salud del planeta.
La evolución de la especie animal del mundo es vertiginosa, en menos de 50 años hemos duplicado la población de ser humano y se prevé que en el año 2050 podremos llegar a los 10.000 millones de habitantes.
Si tenemos en cuenta que en el año 1.900 en España la media esperanza de vida estaba en los 35 años, en China y la India no pasaban de los 33. Al leer esta estadística podríamos pensar que la gente al llegar a los 33 años era un viejo a punto de dar por finalizada su vida, una idea muy equivocada porque la esperanza de vida no se mide por la edad máxima que llega la gente más longeva, sino por la edad "media de la muerte", y hasta mediados del siglo XX, debido a una alta tasa de mortalidad infantil, la "edad media" de la muerte era siempre muy baja, sí en una población la mitad de la gente muriese en la primera infancia y la otra mita muriese a los 60, la "media esperanza de vida" sería unos 30. Sin embargo, este número carece de sentido como indicador de longevidad.
Actualmente, la media esperanza de vida a nivel mundial se sitúa en unos 67 años. En comparación con los 31 años a principio de siglo XX, ha sido un avance tremendo, pero se debe principalmente a la bajada de la mortalidad infantil y juvenil más que a la extensión de la longevidad.
Las principales causas de la muerte son el cáncer, enfermedades cardiovasculares y accidentes, y la mayoría de las muertes se concentran a las edades a partir de los 60 años.
Muchas veces se decía que antes la gente no sufría enfermedades como cáncer, diabetes o hipertensión. Yo tengo una explicación mucho más lógica: hasta hace pocas décadas, mucha gente simplemente no llegaba a la edad para desarrollar cáncer o sufrir infartos, y algunos que habían muerto de cáncer no conocían la causa; los familiares simplemente decían que había muerto "de viejo".
El ser humano siempre ha tenido el mismo límite de longevidad, pero antes, morir de "viejo" era un privilegio de unos muy pocos, ahora ya es la "norma", y con los avances de medicina, muchos ya lo consideramos un "derecho".
Según datos del informe "Perspectivas de la población mundial 2020", en 2050, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años (16%), más que la proporción actual de una de cada 11 en este 2020 (9%). Para 2050, una de cada cuatro personas que viven en Europa y América del Norte podría tener 65 años o más. En 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de cinco años en todo el mundo. Se estima que el número de personas de 80 años o más se triplicará, de 143 millones en 2019 a 426 millones en 2050.
Aquí es cuando empieza el problema a dejar de ser estadísticas frías para pasar a ser un problema económico fundamental. Es precisamente el momento para poner en marcha la llamada "eutanasia económica", de hecho, ya se está produciendo en los hospitales de todo el mundo. La pandemia del covid-19 ha puesto de manifiesto la obsolescencia del ser humano. La llamada "medicina de guerra" no solo se ha llevado a cabo durante el colapso de clínicas y centros sanitarios provocados por el coronavirus maldito, ya se lleva ejerciendo desde hace años por los profesionales de la medicina en las unidades de vigilancia y cuidados intensivos, si se trata de elegir salvar vidas la consigna siempre ha sido la misma, salvemos al "soldado Ryan".
Los viejos gastan y no producen, los viejos dan problemas y no beneficios, la solución final hay que aplicarla sin miramientos, sin moralinas ni milongas sentimentales. Al igual que a la lavadora o a su aparato de televisión cuyo chip interior le avisa el momento de pasar al desguace, a los humanos mayores de 75 años (quizás a los 70) con o sin chip de obsoleto, los dejaran morir aplicando la misma filosofía que hicieron en las Residencias de Mayores en toda España con la pandemia, donde más de 30.000 personas de mayores de 70 años murieron en la más horrible ignorancia.
De nada sirvió cuando se celebró en Madrid, en el año 2002, la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento. Esta adoptó una Declaración Política y el Plan de Acción Internacional sobre el Envejecimiento de Madrid con el objetivo de diseñar una política internacional sobre el envejecimiento. El Plan de Acción abogaba por un cambio de actitud, de políticas y de prácticas a todos los niveles para aprovechar el enorme potencial de las personas mayores en el siglo XXI. Las recomendaciones de acción específicas del Plan dan prioridad a las personas mayores y el desarrollo, la promoción de la salud y el bienestar en la vejez, y la protección de un entorno propicio y de apoyo para estas personas.
De broma macabra parece esta Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, en el 2020, 18 años después no se piensa en "aprovechar el enorme potencial de las personas mayores en el siglo XXI" se trata en apartarlas de la vida a coste 0.

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