23 de julio de 2020
23.07.2020
A babor

Inútil bajada de calzones

23.07.2020 | 00:15
Inútil bajada de calzones

Lo intentaron. Pero en política es muy difícil hacer triples saltos mortales y caer de pie. El PSOE y Podemos cambiaron su posición sobre financiación de la escuela concertada. No lo hicieron por convicción, hoy no se hace nada por convicción en el mundo de la política. Lo hicieron porque no tenían mayoría para hacerse aprobar el plan de reconstrucción. Por eso, el martes cerraron con los republicanos de Cataluña una enmienda que eliminaba de su proyecto dejar fuera de los fondos adicionales para adaptarse a la epidemia del coronavirus a las escuelas concertadas. Lo hicieron de forma vergonzante, porque la enmienda eliminaba el veto laico a los centros concertados planteado por ellos mismos. La enmienda fue finalmente aprobada ayer por la mañana en el Congreso, pero no sirvió de nada: el bloque de las políticas sociales del plan de reconstrucción, en el que se había incluido todo lo referente a Educación, fue rechazada por una diferencia de tres votos, mientras se aprobaban los bloques de economía, sanidad y Unión Europea.
La votación del bloque social se perdió porque este Gobierno no cuenta con una mayoría estable. Quizá la pandemia nos ha hecho olvidar que el Gobierno se sostiene sobre una mayoría bastante artificial en la que conviven –por puro interés- partidos con posiciones ideológicas enfrentadas. Sánchez y Podemos esperaban el apoyo de Ciudadanos a su propuesta social, para evitar el voto contrario de los diputados vascos, que se opusieron a la propuesta del Gobierno por cuestiones que no tienen nada que ver con la marginación de los centros concertados, concretamente porque consideran que la Educación es una competencia que corresponde de forma exclusiva de las instituciones vascas.
Todo esto puede resultar confuso, pero gobernar sin contar con unidad de criterios ideológicos es confuso. Y arriesgado. Lo que ha ocurrido con Educación, donde al final PSOE y Podemos modificaron su propuesta de excluir de la financiación extraordinaria a los concertados, para sufrir de todas formas una derrota en el Congreso, es una advertencia de la que puede esperar a este Gobierno cuando haya que empezar a hacer frente a las condiciones europeas para recibir el maná de los 140.000 millones. Ayer, fuentes del PSOE ya reconocían que esta legislatura no va a ser el momento para hacer la contrarreforma laboral. Cierto: sería inaceptable para la Europa liberal que nos va a tapar nuestros rotos una modificación sustancial de la contratación laboral. Aunque el Gobierno podría perfectamente aliviar a la negociación colectiva de sus frenos actuales, algo que reclaman los sindicatos y que ha demostrado conducir al entendimiento con la patronal en muchísimos casos.
Otro asunto en el que el Gobierno tendrá que revisar sus promesas en lo que se refiere a salarios públicos y pensiones. Europa no va a mandar sus fondos mutualizados para pagar a los funcionarios o sostener el sistema de pensiones. Eso tendrá que hacerlo el Gobierno aumentando impuestos. El dinero que viene es para mantener activa la economía y atender la situación creada por la pandemia o la que se pueda crear en el futuro. Salvar la economía es también salvar una fiscalidad que este año se ha ido al garete, y que obligará el próximo año a cobrar más impuestos y retocar presupuestos a la baja, donde más duele: son dos medidas impopulares, que el Gobierno tiene que empezar a asumir ya, si quiere sostenerse. Habrá que ver hasta dónde llega Podemos en adaptarse a algo que colisiona frontalmente con su discurso radical. Después de la bajada de calzones con la concertada, hay motivos para el optimismo. Por seguir mandando, Pablo Iglesias acabará yendo a misa. Ya lo verán.

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