20 de julio de 2020
20.07.2020

Despedirse de un enfermo terminal

19.07.2020 | 23:11
Despedirse de un enfermo terminal

Las malas decisiones, muchas veces, son caprichos de las soledades. En esencia: de un desorden nunca se puede extraer un orden. Muchos de nuestros movimientos son la reacción decorada con el genio y la impulsividad. Lo que se descompone con extremada urgencia, normalmente, busca la dimensión del desplazamiento. No, no existe un lugar que le dé sentido a lo que no lo tiene. El vacío, creo, es traidor y adquiere múltiples formas...

A lo largo de nuestra vida tomamos decisiones que en un principio parecen deslumbrantes, y resulta que junto a la vivencia se descomponen. Hay situaciones que de entrada nos dejan adormilados y después nos convierten en sonámbulos; entre el escenario y la acción (muchas veces) está el drama, sí, el mismo que no tiene nada que perder y en suma se lleva todo por delante. Generalmente, nuestros actos más repentinos son malas decisiones. Precisamente junto a toda imperiosa necesidad hay un demoníaco sentimiento que nos fuerza a reconocernos en los límites de otros. Hay cuestiones que se prolongan de por vida y solo son la descomposición de los sentimientos. Siempre, absolutamente siempre, muchos de nuestros afectos nos conducen al disparate, y al desnudo mundo de las malas decisiones. Hay enigmas que no tienen solución y nos roban las fuerzas para luego dejarnos en shock. Las malas decisiones son consecuencia de muchas disyunciones, y al final nos dejan rotos o fracturados.

Hace pocos días decidí ir a visitar a una persona enferma de cáncer. Junto al destino puse todas mis fuerzas y por ende mi movimiento. Junto a lo duro de la palabra terminal está el fuego preparatorio que primero te abrasa y después te convierte en cenizas. ¿Saben? Es una mala decisión, lo digo con extraordinaria franqueza, el ir a despedirse de una persona querida que tiene cáncer. Muchos considerarán que no es así, pero en realidad junto a la tragedia se despierta la impotencia que se niega a empatizar con la desaparición.

Al ver la muerte tan cerca (opinión subjetiva) muchos enfermos convierten la desesperación en desdén y se vuelven revolucionarios. Hay comportamientos que parecen ilógicos, pero pensándolo bien hay personas que prefieren que la partida les pille bailando y bebiendo que postrados en una cama. Muchos hombres no son dóciles ni con la muerte...

El mejor homenaje que podemos rendirle a la vida es satisfacer nuestra necesidad de viviente.

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