Los movimientos del pensamiento son afirmación que reivindica lo que nos falta. Creo que hemos transformado en virtud la indiferencia y junto a la lejanía nos hemos mofado del valor. Al parecer, arriesgarse ya no es de valientes... Así es la complaciente vida cotidiana, un compromiso diario que domina nuestro ser, afirmando que junto a la comodidad no necesitamos nada. Todo (opinión subjetiva) ahora tiene forma de repentino y pasajero. Los conceptos a día de hoy no pasan de ser significado que toma partido en el momento, y después se impregna en realidad no comunicable.

Me llama la atención ver que el amor ya no es ruta por la que uno puede cruzarse el mundo. Tengo la sensación (opinión subjetiva) que todo lo que sacude nuestro interior nos genera un espantoso terror y nos paraliza. En suma, creo que junto a lo estimulante está el arrebato aventurero que nos lleva lejos y nos descubre la importancia del tiempo.

La vida nos ofrece giros inesperados, pienso que si son buenos, debemos obviar los inconvenientes y reconocer las virtudes.

Hace pocos días recibí el correo de una lectora. Al empezar a leerlo, tengo que reconocerlo, no paré de sonreír. No, no piensen que era nada cómico. Desde el principio sentí en sus letras la desmesurada presencia del amor. Ya saben (sonrío), al enamorarnos todo tiene forma de completo y junto a semejante obsesión nos ponemos hasta graciosos. Ella vive en Venezuela y está enamorada (desde hace tiempo) de un hombre de Lugo. Por lo visto, el sentimiento es común, y al parecer tienen ganas de estar juntos. El amor (sonrío) es insaciable: siempre quiere más... El problema que tienen es la falta de valor, según relata en su correo, ninguno de los dos tiene el arranque para dejarse asombrar por el destino. ¡Vaya putada! ¿Verdad?

En ninguna patria uno es forastero si tiene el corazón abrigado. El amor que no es consecuencia de la locura no es amor. Por lo tanto, creo que debemos perseguir todo aquello que nos turba y nos seduce. La verdad (pensándolo bien) de Venezuela a Lugo no hay tanto... No sirve de nada hacer tentativas con el pensamiento; la vivencia es el orgullo del valor, por lo tanto, procuremos no alejarnos de ella. Al final, lo no vivido se lacera en dolor que lentamente va extenuando nuestro ser. No, no debemos perder la fuerza vital de los deseos. La muerte de un día para otro nos desconecta de la vida. Sí, junto al hedor de nuestro cadáver, las olorosas flores se llevarán nuestras alegrías al exilio. Y también nuestros amores... Entonces, díganme: ¿qué distancia hay de Venezuela a Lugo?