18 de junio de 2020
18.06.2020
Manual de objeciones

Impresentable

18.06.2020 | 01:02
Impresentable

Hay gente que se asombra de que Canarias no haya exigido encargarse de tramitar el Impuesto Mínimo Vital (IMV) que ha aprobado el Gobierno de España para llegar a dos millones trescientas mil personas necesitadas. Lo extraño sería lo contrario. Si durante años no hemos sido capaces de responder a las familias más vulnerables, a los mayores que esperaban desesperadamente que se les reconociera una ayuda para los gastos de dependencia o a las personas situadas en la pobreza que suplicaban una Prestación Canaria de Inserción, ¿a qué tipo de rebenque se le ocurriría dejar en manos del mismo sistema incompetente otra nueva ayuda?

El problema no es quién paga, sino que se pague. Y tengo una mala noticia. Porque que sea la Administración Central la que se encargue de pagar el IMV no va a asegurar que el dinero llegue al bolsillo de esos miles de canarios que están esperando que alguien, sea quien sea, les saque del apuro. Las oficinas de la Seguridad Social siguen cerradas a cal y canto en nuestras islas. En Santa Cruz los ciudadanos que acudan a la sede central terminarán sosteniendo una agradable charla con un vigilante que le informará que las oficinas están chapadas. Y ya, si eso, te añadirá que tampoco se están dando citas a través de internet.

Porque esa es otra. Se podría argumentar que el acceso telemático permitiría concertar una cita con los funcionarios o realizar algún trámite. ¿De verdad se le ha ocurrido a alguien que una persona pobre de solemnidad, que vive en una infravivienda, va a sacar su Macbook Air, se va a conseguir un certificado digital y va a acceder, a través de la wifi 5G de su chabola, al sancta santorum de la administración para pedir que si por amor de dios le pueden dar 600 euros para darle de comer a su familia? ¿Estamos gobernados por idiotas?

A estas alturas hay miles de trabajadores que aún siguen sin cobrar los salarios de los ERTE por errores en la tramitación en el SEPE. Y a las mismas alturas, a éstas, no se ha pagado el Ingreso Canario de Emergencia, que para ser de emergencia se está llevando con la misma pachorra en la que se atascan todas las buenas intenciones de las ayudas sociales que se anuncian con mucho bombo y platillo. Los más vulnerables, los que quieren arreglar la manera de percibir esos cuatro duros que marcan la diferencia entre comer y no comer, tienen ahora mismo las mismas dificultades y las mismas puertas cerradas que han tenido siempre. Con la diferencia de que ahora mismo la situación es muchísimo peor.

Ya va siendo hora de que nos dejen de tomar la pelambrera. Dentro de unos pocos meses, el desastre social en Canarias va a alcanzar magnitudes nunca vistas. O las administraciones se ponen las pilas, se refuerzan las plantillas y se arman procedimientos extraordinarios o miles de ciudadanos de nuestras islas van a sufrir una situación lamentable. Absolutamente nada es más importante que asegurar ahora mismo que eso no ocurra.

Palabra de obispo

Los sacerdotes de la religión católica perciben el mundo a través de la fe, que es la capacidad para creer en lo inexistente. Como los seguidores de cualquier religión, creen en la existencia de dioses omnipotentes y que en el hombre –y últimamente en la mujer– existe una chispa vital inmaterial que sobrevive a la muerte física. Aseguran que cuando te mueres pasas a otra dimensión y si quieres ser aceptado tienes que portarte aquí de acuerdo a su código de conducta, ir a sus templos y seguir sus ceremonias. Pórtate bien y sé obediente: es el precio del pasaje. Y dicho esto, ¿qué puedes esperar de los fans de Harry Potter? Pues cosas de fans. Hay quienes dicen que les espera un paraíso con ocho huríes por barba. Y otros, como el Arzobispo Cañizares, que antes de pasarse la eternidad tocando la lira ha decidido tocar el tema de la vacuna del coronavirus que, a su leal parecer, se está consiguiendo a través de producir abortos para utilizar las células de los fetos. ¡Ay mi cabeza! El demonio ya no cultiva células in vitro sino que sale a buscar doncellas preñadas para malograr la gestación. Pero, claro, si el hombre se cree lo de los querubines, ¿cómo no se va a creer que los hombres de ciencia son la encarnación de Luzbel? A mí de joven me causaban ira. Ahora confieso que me dan algo de pena.

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