Empezamos ya la fase 3 de desescalada y poco a poco vemos cómo vuelve nuestra deseada normalidad. Una normalidad que realmente no es tal, ya que salir corriendo al súper y darte cuenta de que te has dejado atrás la mascarilla teniendo, por ello, que regresar a casa€ pues muy normal no es.

Tanto el uso de la mascarilla como las pautas de higiene son los nuevos hábitos que debemos interiorizar, además de no abrazar ni besar ni dar la mano€ sí, es todo muy normal. ¿Y qué tal eso de coger el coche para darte un baño y que te digan que la playa está llena? Te das media vuelta y decides ir a comer al chiringuito de siempre, pero está lleno. No nos acordamos de que a partir de ahora hay que reservar si quieres garantizar que "algo" vas a comer, y sí, bueno, esta es nuestra nueva normalidad.

En las noticias se oye que el virus tiene menos carga viral y que, finalmente, lo estamos consiguiendo, y que, a partir de julio, esta será más o menos nuestra nueva normalidad, que durará hasta ir viendo qué pasa en otoño y entonces ahí, si hay rebrote, ver qué nuevas medidas se volverán a tomar.

Y uno, que en marzo vio cómo de la noche a la mañana las calles se vaciaban y el miedo las llenaba, ha ido viendo cómo la enfermedad y la muerte iban danzando a sus anchas por toda la ciudad, por el país, y por el mundo. Que en esos días, salir a la calle era como estar en una película de terror esperando que te saliese un "muerto viviente" entre algún coche€ Todavía recuerdo esas calles vacías, respirando el miedo, escuchando el silencio, y lo que quizá más impacto me causó fue ver la ciudad cuidada por los militares. Creo que esa imagen no se me borrará jamás de la retina. Vivir todo eso ha sido realmente impresionante, para todos y cada uno de nosotros.

Pero como todo en el ser humano está en función de la adaptación. Pues ahí estamos todos lo españoles, que empezamos las fases de desescalada y en cuanto nos abren la veda, salimos corriendo a hacer lo que nos dejan, intentando de alguna manera dejar atrás lo vivido, como una experiencia más, que ya pasó, intentando olvidar y seguir para adelante.

Y en función de las consecuencias de lo vivido, habrá algunos a los que se les olvide rápido y otros a los que no tanto, pero lo que sí es verdad, es que a todos y cada uno, en algo, nos ha cambiado. Lo iremos viendo a medida que avancemos. Y cómo nos daremos cuenta, pues cuando actuemos en función de lo que perdimos en estos meses, ya sea tiempo, economía, personas€ Poder relacionarnos, quizá ahora no dejarás para otro día lo que te plantean tus amigos, o el ir a ver a alguien, o hacer algo al aire libre, o ahorrar más, ¡pueden ser tantas cosas!

Quizá lo que sí nos venga a todos es ese síndrome que tanto nombran en la tele, el síndrome de la cabaña, pero no por tener miedo a salir, ya que eso es normal los primeros días, eso es el resultado de la adaptación después de estar muchos días encerrados, tenemos que habituarnos y eso el cerebro lo interpreta como desconocido o amenazante y al sentirnos extraños lo evitaremos lo más posible. Y todo eso es normal y se irá pasando poco a poco a medida que nos vayamos adaptando.

Lo que no nos esperamos es que echemos de menos ese primer mes de confinamiento, ese mes donde dejando de lado todas las experiencias negativas como el miedo o la incertidumbre que pasamos debido a lo que ya sabemos, tuvimos finalmente tiempo para nosotros, para dormir, para comer tranquilos, para cocinar, para limpiar, para hablar horas y horas por teléfono, para ver la tele lo que nos apetecía, pasar tiempo en casa, para hacer un puzzle, para leer un libro o para, simplemente, no hacer nada. En esos días el tiempo se paró y los horarios ya no eran estrictos, la cabeza se ralentizó y los días pasaban, pero dentro de todo, se estaba bien. Fue un modo de poder volver a estar con uno mismo, sin tanta presión externa, sin ruidos, sin trafico, sin coches, sin obligaciones como días anteriores, y eso, nos empezaba a gustar. Esa fue la parte dulce de la cuarentena. Y esa parte de nuestro síndrome de la cabaña particular es el que hoy sí echamos de menos.

Este confinamiento, en la parte positiva, nos ha enseñado a estar en casa con nosotros mismos, y quien conviva con los suyos, pues a convivir con ellos. Ha habido todo tipo de días, días para borrar, y días para enmarcar. Pero han sido nuestros días, y nos han hecho ver cosas, de uno mismo y de los otros. Hemos salido agotados y con ganas de aire, pero una vez cogido aire y recuperadas las fuerzas, volvemos a casa. Deseamos volver para poder estar como aquellos días, sin reloj, sin prisas, sin el estrés diario del corre corre, ese que, al fin y al cabo, es el que sin darnos cuenta, más daño nos hace. Nos gusta quedarnos en nuestra cabaña particular, protegidos del mundo e intentado poder disfrutar del tiempo, de la vida y de uno mismo una vez más, pero ahora con un "corona" que se aleja y deseando que no vuelva, para poder disfrutar de todo lo que este "corona" nos ha venido a enseñar, que no ha sido poco€ Y tú, ¿qué fue lo que aprendiste?

(*) Psicóloga y Terapeuta.