Los renglones torcidos de la economía se leen en las cosas cotidianas. Como por ejemplo un paseo por las calles de nuestras ciudades mirando los carteles de pequeños comercios que ponen cosas como ‘cerrado’, ‘se vende’ o ‘se traspasa’. Detrás de cada una de esas puertas está el drama de autónomos, pequeños empresarios y trabajadores que han hincado la rodilla en el suelo porque ya no pueden respirar.

Gran parte de la clase política de Canarias sigue viviendo en los mundos de Yupi. Creen que el fin del confinamiento es el fin del desastre, cuando solo es el principio. La realidad del mercado laboral de las islas es que tenemos, técnicamente hablando, cuatrocientos sesenta mil parados. Y que la promesa de que se seguirán pagando los ERTE son palabras que pudieran llevarse el viento de unos presupuestos que ya no dan más de sí.

El Banco de España ha dibujado la fúnebre realidad de España: un déficit para este año de 150.000 millones, un desempleo que llegará al 23% y una caída del PIB que puede rozar los quince puntos. Un desplome histórico. Esperar que te rescate el socorrista que se está ahogando al lado tuyo es una estupidez como la copa de un pino. Los que han escrito esa carta a los Reyes Magos que es el Plan de Reactivación de Canarias han puesto dieciocho mil millones como podían haber puesto cien mil. Ni los hay, ni se les espera. Para empezar, del fondo de dieciséis mil millones para las autonomías a Canarias le tocarán 620 millones. Menos de los que nos correspondería por el peso poblacional. La primera, en la frente.

Cuando pasen los próximos meses y nos asomemos al abismo del turismo ausente se empezará a percibir el desastre de la pérdida de los trece mil millones que no facturaremos. El sector público en Canarias, con un peso decisivo en la economía de las islas, se hundirá por falta de ingresos y por la insuficiente financiación de Madrid. Y la foto finish de este año va a ser la de los recortes y la asfixia financiera.

Más madera, esto es la guerra. Hay que hipotecar la casa y gastarse los ahorros en darle de comer a la familia. Es justo lo que tendrá que hacer Canarias. Y sacar las tijeras de podar para meterle mano a un gasto público insostenible. Hace meses pensaba que sería posible un rescate de Canarias por el Estado. Hoy parece tan imposible como increíble. España tiene comprometida su propia supervivencia y la política nacional está estragada por esos dos radicales pescadores de río revuelto situados en las orillas de una España que se opone a sí misma. Gente oportunista, con la caña puesta en la desesperación creciente de millones de ciudadanos que serán empujados al borde de la pobreza.

Estamos más solos que la una. Sin perras. Sin ingresos. Con un cartel en la puerta de Canarias que pone: “se traspasa”. ¿Y saben qué? Que nadie está interesado.

El consumidor: el último mono

A ver. Las grandes compañías aéreas no devuelven el dinero de los billetes que se pagaron en su día y que no se pudieron realizar a causa del coronavirus. Es lo mismo que hacen muchas plataformas de alquiler de viviendas vacacionales. Se ponen mil excusas para justificar que te vayas olvidando del dinero adelantado. La más socorrida es “la política de cancelaciones del propietario”. Es decir, la plataforma que te ofrece el producto y a la que le pagas la reserva no tiene nada que decir. No son los únicos. Una entidad comercial vendió en las islas entradas para un concierto de Alejandro Sanz que hubo de suspenderse. ¿Qué pasa cuando la gente ha pedido la devolución del dinero de las entradas? Pues contestan que ellos las venden, pero que no tienen responsabilidad. “El organizador del espectáculo -aseguran- está trabajando para cerrar y comunicar una nueva fecha a la mayor brevedad. En el momento en el que se comunique, si no puedes acudir, deberás ponerte de nuevo en contacto con nosotros para que podamos gestionar tu solicitud”. ¿En qué quedamos? ¿Pueden o no pueden gestionar la devolución? ¿Y por qué tienes que esperar a una nueva fecha, si ya has comunicado que no vas a ir? Pues muy fácil. Cuanto más tiempo esté el dinero fuera de tu bolsillo, más tiempo estará en otro.