Hay quienes preguntan de dónde van a salir los 18.000 millones que dice el Gobierno canario que se van a gastar en las Islas. Pero más importante que eso me parece que hablen de “reactivar” Canarias los que hasta el otro día estaban poniendo a parir el modelo de sociedad de estas islas. Es como si te pasas la vida protestando por las goteras de tu casa, viene un terremoto, te la descoña y cuando estás pidiendo dinero al seguro les dices que es para hacer la misma casa que tenías. ¿No sería mejor hacerte una nueva?

Hay insignes políticos del pacto de las flores que han soltado en incontables ocasiones ese famoso topicazo: “hay que cambiar el modelo productivo de Canarias”. Lo consideraban un fracaso. A la cola en niveles educativos. A la cabeza en número de parados. Los peores salarios de Europa. Un mogollón de hogares al borde de la pobreza. ¿Y a quién le echaban la culpa de todo eso? Al monocultivo del turismo. Por llevar maletas y bandejas no te pagan lo mismo que por programar el software de una nave espacial.

Canarias, según el verbo hecho carne, tiene que convertirse en el paraíso mundial de las energías renovables. Aquí enseñaremos a todos los países africanos el gran negocio del sol. Fabricaremos y venderemos equipos con patentes de las universidades canarias. Nos convertiremos en el centro de negocios digitales del Atlántico, banco de datos del vecino continente y centro de servicios para todo el mundo. Y a los pibes que hoy reparten toallas en las piscinas de los hoteles mallorquines en las islas, los convertiremos en ingenieros y técnicos de esas nuevas industrias canarias de pura cepa. La pobreza desaparecería de las Islas. Los salarios se pondrían por las nubes. La renta per cápita nos situaría a la cabeza de Europa y las plataneras en vez de piñas darían jamones de jabugo. Dos por mata.

Bueno. Pues ahora que ha desaparecido el turismo y que los hoteles están cerrados a cal y canto, se presenta la oportunidad que tanto ansiaban los que querían cambiar el “modelo productivo”. Vamos a ponernos a la faena. Los miles de millones que nos van a mandar de Madrid los debemos aplicar a la creación de nuevas tecnologías verdes y al sector primario. Vamos a convertirnos en el paraíso industrial de la Macaronesia fabricando grandes molinos eólicos y placas fotovoltaicas. Y además, nos transformaremos en la potencia agrícola exportadora más importante del Sur de Europa.

Es verdad que no tenemos materias primas. Ni planta industrial. Ni personal cualificado. Y que tendríamos que competir con zonas que fabrican más barato de lo que podríamos hacerlo nosotros. Y tampoco tenemos suelo suficiente para convertirnos en una potencia agrícola exportadora. Ni agua. Y los precios de nuestros productos probablemente serían menos competitivos que los de otros países... Pero eso lo que algunos decían que había que hacer. Así que ya se me van olvidando de “reactivar” la Canarias injusta, desigual, pobre y atrasada que ponían a parir todos los días.

Un acuerdo confuso

Coalición Canaria vendió ayer que votaba por la prórroga del Estado de Alarma porque el Gobierno de los dos borrachos de Asier Antona le había prometido pagar los ERTE en Canarias hasta diciembre y más allá, como diría Luis Yeray Gutiérrez. Pero eso mismito es lo que nos habían vendido la última vez que votaron a favor del Gobierno. Es lo que nos ha dicho también Nueva Canarias. Y lo que nos ha dicho el propio Ángel Víctor Torres, presidente de esta cosa calamitosa. Es decir, que parece un acuerdo que se ha conseguido por media docena de personas y que se ha vendido una media docena de veces. ¿Saben quién es el único que no lo ha dicho todavía? El Gobierno de España, que es el que tendrá que pagar los salarios a través del SEPE. Ese no ha dicho esta boca es mía. Salvo una serie de vaguedades como que se mantendrán los salarios en tanto no se haya recuperado la normalidad del espacio aéreo y tal y tal. Que tanto sirve para quitar los pagos pasado mañana como para mantenerlos por tiempo indefinido. Esos acuerdos tan confusos, cuya autoría tiene la genética de un gato callejero mil leches, suelen ser como los crecepelos que vendían los buhoneros en el Oeste. Vamos a ver lo que pasa, pero yo no me fiaría ni un pelo de la calva.