28 de mayo de 2020
28.05.2020

De la morgue a la playa

28.05.2020 | 01:54
De la morgue a la playa

Hay que comprenderlo. Es humano. Tras un dolor insoportable, tendemos a protegernos. La mejor forma de no sufrir es enterrar el dolor y seguir adelante. Buscar nuevos estímulos que permitan aparcar el desconsuelo, evadirse de una realidad que no queremos ver. Hay prisa por volver al bollo tras dejar al muerto en el hoyo. Sorprende que en los últimos días se haya empezado a hablar de vacaciones, del gran problema de ir a la playa manteniendo las distancias, de la tragedia del fútbol sin espectadores. Muchos incluso participaron el pasado fin de semana en un desfile de carrozas, algo parecido a una verbena de pueblo o a la celebración de un hito deportivo: banderas, cánticos, bocinas... Las calles que una semana atrás solo ocupaban las ambulancias fueron invadidas por un jolgorio reivindicativo. Extraña ceremonia de duelo en un país que acaba de perder a casi 30.000 compatriotas. Se dice pronto, pero se tarda en asimilarlo. Ciertas enfermedades, entre ellas la Esclerosis Múltiple, provocan un síndrome que aparentemente poco tiene que ver con los síntomas de la propia afección. Se conoce como planitud. Es un estado de ánimo de indiferencia, de apatía, de indolencia. El enfermo se vuelve un ser abúlico, insensible, que parece haber perdido las emociones. Pese a que pueda tratarse de un mecanismo de defensa frente al dolor, resulta insoportable para quienes conviven con el paciente, convertido en un ser sin sentimientos, que ha perdido por completo la empatía. Thomas Mann explicaba en La montaña mágica que "la enfermedad altera al hombre de forma que éste pueda convivir con ella (...) para conseguir un alivio tanto físico como espiritual". Pese a que desde ayer estemos oficialmente de luto nacional –nadie lo diría– esa alteración del ánimo parece sufrirla la sociedad española. Por lo menos en la forma en que se muestra en público. Fútbol, playa, terrazas, vacaciones, desfiles motorizados€ ¿Cómo es posible estar pensando en vacaciones como si no hubiera pasado nada? ¿Vacaciones después de casi tres meses de inactividad? ¿Vacaciones antes de que nos hundamos en septiembre en la mayor crisis económica de nuestras vidas? Es comprensible, tras el trauma, la necesitad de descomprimir, de relajarse, de un poco de vida después de tanta muerte. Pero ojo con buscar alivio en el olvido. No vaya a ser que todo lo que esta pandemia nos está enseñando resulte inútil. No podemos volver en septiembre como si nada hubiera pasado. Este curso lo hemos suspendido de forma muy deficiente y, a la vuelta del verano, nos espera mucho que recuperar. Para empezar, ¿qué vamos a hacer con las residencias de ancianos? Si tenemos un plan de desescalada para el fútbol, lo tendremos para los asilos ¿no? ¿O van a ser igual que antes? ¿Ya hay un plan para no depender de China en la próxima crisis sanitaria? ¿Alguien ha oído hablar de medidas para el futuro más allá de la desescalada? El sol y los chiringuitos parecen haber afectado a nuestra memoria. No se nos puede olvidar que los países que peor han lidiado con la crisis están gobernados por populistas de signos diversos. Trump, en Estados Unidos. Boris Johnson, en Gran Bretaña. Bolsonaro, en Brasil. Putin, en Rusia. Por mencionar solo a los indiscutibles y omitir a los muchos sospechosos. Deberíamos tomar nota. Los ciudadanos, a la hora de votar; y los gobernantes, a la hora de rendirse, o resistirse, a la tentación populista. Somos una sociedad con tendencia al olvido o al recuerdo interesado. La memoria no la gestionamos bien. La solemos utilizar como arma contra el contrario. Lo hemos demostrado con la guerra civil, con los 844 asesinados de ETA, con los 1.100 de la colza, con los 191 del 11-M... Se repite una y otra vez la consigna propagandística de que "nadie se va a quedar atrás en esta crisis". De momento, con la covid-19 ya se han quedado atrás al menos 27.000 españoles. No deberíamos olvidarlo, ni siquiera en la playa.

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