14 de abril de 2020
14.04.2020

Por pedir que no quede

14.04.2020 | 00:52
Por pedir que no quede

Coalición Canaria presentó ayer en rueda de prensa telemática un proyecto de plan de reactivación de la economía canaria que poco antes había sido entregado al presidente regional, Ángel Víctor Torres. José Miguel Barragán y Fernando Clavijo, ejercieron de maestros de ceremonia en el bautizo de un documento bastante prolijo, de casi una cincuentena de páginas, estructurado en 137 medidas a desarrollar en dos años, con un presupuesto de 2.500 millones de euros, mil de ellos provenientes de créditos ICO. Se trata, sin duda, de la primera propuesta de conjunto realizada por una fuerza política para hacer frente a la contingencia de grave recesión en la que se instala el archipiélago ya a partir de este mismo mes de abril, tras la parálisis absoluta del sector turístico, y la caída de la recaudación fiscal, que probablemente rondará en el segundo trimestre entre un 70 y un 80 por ciento menos de los impuestos recaudados el pasado año en ese periodo.

Resulta un tanto chocante que Coalición se haya adelantado al propio Gobierno regional en la presentación de un plan bianual de choque para resolver el drama que se nos viene encima, pero hay que contextualizar: después de un cuarto de siglo en el poder político regional, y monopolizando la mayoría de las instituciones de las islas, Coalición puede permitirse presumir de musculatura como partido de Gobierno, y al mismo tiempo pedir la tradicional carta a los reyes magos. Que esta vez intente hacerlo desde una posición no sectaria, más como una oferta de diálogo y consenso al Gobierno actual y al resto de las fuerzas políticas, que como hoja de ruta partidaria, es una demostración de que el coronavirus puede llegar a cambiarlo todo: ojalá signifique el inicio de una disposición distinta, de una forma de hacer las cosas alejada de la deriva frentista de los partidos en estos últimos años. No estaría mal que Torres tome en consideración la oferta de diálogo y consenso de Coalición, entre otras cosas porque suelen ser los Gobiernos los interesados en el consenso y la oposición quien tiende a rechazarla, como hemos visto en el último pleno del Congreso. Para el presidente puede ser útil llevar a Moncloa una carta de intenciones respaldada por todos los partidos, pero otra cosa es que Torres suscriba todas las propuestas del desiderátum nacionalista. Muchas de las medidas para evitar la destrucción del tejido empresarial y económico de las islas son de antiguo inasumibles por Madrid, forman parte de las reivindicaciones históricas rechazadas cuando aún había dinero. De hecho, entre 137 propuestas, alguna (subvención del cien por cien al transporte de personas y mercancías) acaba resultando absolutamente disparatada, y otras son claramente extrañas a las intenciones reales del Gobierno nacional (modificación de la Ley de contratos del Estado, bonificaciones generalizadas y exenciones fiscales de todo tipo y pelaje). Pero al menos el esfuerzo de ordenar el debate está hecho, y además recoge una primera aproximación -que el Gobierno no ha sabido o no ha querido hacer hasta ahora- a las preocupaciones y demandas de los sectores, sindicatos y asociaciones empresariales.

En general, el documento peca de una redacción optimista. Se pide todo lo que se puede pedir, pero la ficha financiera (vamos a llamarla así) se limita a que Madrid libre los dos mil millones de superávit canario que andan por los bancos, para sumar las tres cuartas partes de esa cantidad a los mil millones del ICO. El cálculo real de lo que le cuesta al Estado el plan en impuestos no recaudados, inversiones a comprometer, transferencias y recursos asignados a programas no se hace. Quizá para que a quienes deciden hoy en este país devastado no les entre la risa floja?

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