Mañana se prolongará el confinamiento quince días más. El Gobierno, por supuesto, se cuida mucho de afirmar que sea la última prórroga. No hay que esperarlo. Este enclaustramiento solo empezará a levantarse lentamente -si las previsiones oficiales se cumplen- a partir de la segunda semana de mayo. Va a ser terrible cuando la gente pueda abandonar el encierro y compruebe que todo sigue cerrado. Cuando descubra que no puede llevar a los niños al parque o a tomar un helado. Cuando constate que los bancos siguen cerrados -pese a las dicharacheras proclamas gubernamentales- y no pueda arreglarse un asunto que no pueda resolverse en el cajero automático. Cuando los 24.000 ERTE presentados en Canarias -unos 187.000 trabajadores- comiencen a evidenciar un pequeño colapso administrativo porque la pasta no llega puntualmente. Cuando los centros escolares no sepan lo que hacer para evaluar el último trimestre lectivo y decidir si se pasa curso o no: nadie lo sabe en el páramo operativo que es hoy la Consejería de Educación. Desde el punto de vista sanitario queda mucho trabajo, no un descansado sprint. La tasa de contagio fue ayer del 1,85%. El viernes pasado se había registrado un 1,2%. Un retroceso que tal vez tenga algo que ver con el más 20% de sanitarios infectados en las primeras semanas del estado de alarma por falta de equipos de protección.

Saco al perro ligeramente mareado por la frustración y la ira. La emergencia sanitaria en las islas ha sido -y sigue siendo- particularmente dura, pero no agobiante como en otras comunidades y ciudades españolas, con cientos de fallecidos a diario. Existe tiempo y medios técnicos para una prospectiva de escenarios que aguardan en un futuro inmediato a la sociedad y a la economía de Canarias, para cuantificar las necesidades financieras, para articular un conjunto de programas y medidas en colaboración con cabildos y ayuntamientos, y exigir -no hay otra palabra- al Gobierno central los recursos para que este país no se convierta en una bomba de relojería social, que es lo que suele ocurrir cuando pierdes más del 20% del PIB en quince días. Liberar a las administraciones para el uso del dinero del superávit acumulado en los bancos e inyectar pasta para financiar el 50% de un ingreso mínimo vital durante un año.

Mi perro anda más lentamente. Soy yo quien zarzalea y se detiene junto a los macizos de flores y él se sienta, tan paciente como peludo, esperando que salga de mi nerviosa incertidumbre. Las flores no significan nada si nadie las está viendo o percibe su perfume. La ciudad es ahora mismo un libro - un texto -olvidado en un anaquel demasiado alto para alcanzarlo. Lentamente oscurece y los poquísimos transeúntes van desapareciendo entre las sombras. Un soldado regresa al gobierno militar después de un día duro y un pibe en camiseta le saluda desde la ventana:

-¡Felicidades!

El soldado no ha entendido nada y parece dispuesto a responder, pero emborrona un saludo en el aire. Cuando llegue la madrugada bullirán las conexiones y las redes sociales se abrirán las venas y alguien a quien no conoces se dirigirá a ti, como a cualquiera, para descubrirte un secreto atroz o insignificante. Siempre he estado solo. Ya no le soporto. Quería salir del armario pero es que no puedo salir de mi casa. Claro que he sido cruel y miserable contigo y solo por una razón, por la única razón de siempre, la única razón válida y verdadera: porque podía serlo.