04 de abril de 2020
04.04.2020

Las arepas y los canarios

04.04.2020 | 00:13
Wladimiro Rodríguez

Creo que es bueno que valoremos la cultura agraria canaria ante los tiempos que se presentan, ya que en un descuido puede aparecer el "virus del hambre", que nos ha visitado en numerosas ocasiones en la historia de las islas.

Los canarios en Venezuela y el agro son una página preciosa de un pueblo que ha gestionado la tierra con una cultura de gran valor e inteligencia. Su relación con el maíz es una lección de una manera de entender el territorio, la cultura agraria. Puede parecer sorprendente que los isleños fueran los productores de semillas de maíz, alimento básico en el país bolivariano. Esto hemos de asociarlo al peso de la cultura agraria en las islas.

El maíz es un alimento ancestral en la amplia geografía americana, desde México hasta el norte de Argentina. Las arepas se preparaban con maíz sancochado, triturado en un pilón, era un plato de cada día.

Venezuela entra por entonces en una nueva época económica, ya que el petróleo y la inmigración hacen que se multiplique por 6 la población, pasando de 5 millones de habitantes en 1950, a superar los 30 actualmente.

Se produce un proceso de urbanización, en el que la agricultura del "conuco", no era operativa para los nuevos planteamientos, ya que es un sistema mayoritariamente de secano, con pocos fertilizantes y pobre mecanización. Los isleños estaban más organizados, un número importante mira para el campo. En un corto periodo, pasaron de aparceros a la compra de tierras, instalando riego, construyendo pozos y mecanizando el campo.

La mejora del campo encuentra en los isleños las bases para la nueva agricultura (mejora de semillas, fertilizantes, mecanización), ellos estaban marcando pautas en la Venezuela de los petrodólares. Cultivaban, no sólo lo que conocían de las islas, papas, hortalizas, tabaco, plátanos, sino también, cítricos, frijoles, e incluso arroz, sorgo y ganadería, jugando un papel importante en los centros de distribución, como el Mercado de Coche (en Caracas) y Merca Barquisimeto, y otros. Incluso hacen cultivos para exportar mango y otras frutas tropicales. Muchos isleños echan raíces en Venezuela.

En esta nueva época, las arepas pasan de lo tradicional a un proceso industrial. Un ingeniero venezolano, Luís Caballero Mejías (1903-1959) patenta Harina Pan. Las demandas de maíz y la producción tradicional entran en conflicto. El conuco y los cultivos de secano no cubren la demanda y las exigencias productivas.

Los agrónomos y el gobierno se preocupan de las mejoras del campo. Las nuevas variedades introducidas requieren control, separación física y temporal para evitar la hibridación. El regadío es importante para mantener la regularidad de los cultivos. Se hace necesaria la instalación de naves o galpón, plantas procesadoras en las que había un control de la calidad de lo que se sembraba.

El país alcanzó un alto nivel de autoabastecimiento, produciendo unas 200.000 Tn/año, cosechadas con las semillas producidas por los isleños, esto duró hasta el primer lustro del chavismo, ¿y ahora?. Expropiaron Agroisleña, y la sustituyeron por Agropatria, que ahora está en manos de personajes que no han sembrado una mata de maíz, por ello no es extraño que la producción haya caído un 70%.

De los grandes productores de semillas en Venezuela, un 85 % eran palmeros, un 10 % del norte de Tenerife, y 5 % gomeros. Entre los no canarios estaba Eugenio Mendoza y un italiano. Destacaban Elio Pérez Ortega, Haroldo Pino, Arquimiro Marante- Seminaca ( Mazo y El Hierro), Sehiveco, y Agro Isleña. Entre los citados producían más de 25.000 Tn de semilla, cultivándose hasta 800.000 Has.

Hoy todos sabemos lo que significa la carencia de este colectivo, que ha jugado un papel tan importante en la alimentación del pueblo venezolano.

Sean estas líneas de memoria y respeto a los que se fueron, como bien dice mi amigo, Simón Ortega, de recuerdo y lectura de la cultura del campo en Canarias, y en Venezuela, hoy devaluada en nombre del supuesto progreso. Pero también de homenaje a nuestros emigrantes, su trabajo y compromiso con ambos pueblos. Sobre todo, a los que dedicaron lo mejor de su vida haciendo surcos, en un pueblo que los acogió, y en muchos casos no los han entendido, como ponen de manifiesto los últimos acontecimientos de un país, que no sólo no sembró el petróleo, pero tampoco sembraron los campos con ideas y compromiso con el trabajo, el esfuerzo y la solidaridad.

Sea esta una reflexión para los canarios, tanto los que echaron raíces allá como los que nos quedamos aquí. Es necesaria otra lectura del campo tras el Covid-19. Leamos lo de aquí y lo de allá. Comemos todos los días, necesitamos campesinos.

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