04 de abril de 2020
04.04.2020
El observatorio

Apuntes para después de la pandemia

04.04.2020 | 00:13
Manuel Bousoño García

Al final de la segunda guerra mundial, Europa se enfrentó a una situación muy complicada: la destrucción de una inmensa mayoría de sus ciudades y tejido industrial, la muerte de una gran parte de la población en edad productiva, la ruina económica y la pobreza generalizada de la población superviviente.

Al final de esta pandemia nos enfrentaremos a una situación que podría guardar un cierto paralelismo: la muerte de un porcentaje significativo de personas, y la desaparición de sus ingresos y pensiones como fuente de reserva económica para sus familias, que estarán en situación de crisis por la recesión a que nos veremos abocados. La parálisis económica y la quiebra de una gran cantidad de autónomos, pequeñas y medianas empresas (que son las que dan trabajo a la mayoría de la población); y la pérdida de confianza en los gobiernos con la debilidad e inestabilidad política a que ello dará lugar.

En 1948 los Estados Unidos de América pusieron en marcha el llamado Plan Marshall para luchar precisamente contra la inestabilidad política y frenar el avance del comunismo en Europa. El apoyo económico que supuso el plan permitió un aumento de la productividad, la recuperación del tejido industrial y, en suma, la superación del trauma de la guerra. Ello unido a estadistas de talla como Adenauer en Alemania, De Gaulle en Francia, De Gasperi en Italia, que supieron mirar al futuro y poner los cimientos de lo que hoy es la UE.

La segunda víctima de la pandemia es la economía.

Tras la pandemia la mayoría de las naciones han sido tocadas en su economía, ciertamente unas con mayor impacto que otras, con las más endeudadas como Italia y España a la cabeza. Además tenemos la certeza de que no habrá esta vez un Plan Marshall que nos salve. Los pronósticos de los que saben hablan de una recesión en España de dos puntos del IPC por cada mes de parón económico (necesario por otra parte para no incrementar la tasa de mortalidad ya de por si elevada de este COVID-19). Se prevén al menos 2-3 meses de confinamiento total o parcial, lo que hará que la economía se hunda en un solo año lo que nos ha costado varias décadas obtener.

Lo peor esta por venir: la crisis política

Pero la economía es solo una parte del problema. La inestabilidad política es una dificultad aún mayor. La desconfianza hacia los gobernantes ha aumentado de forma considerable y sus culpas son numerosas y graves:

1) Han sido lentos: han retrasado la toma de decisiones, lo que ha agravado el problema; cada día de inacción ha costado miles de muertos, la sobrecarga de los servicios de salud, el agotamiento de las plantillas con un porcentaje aterrador de bajas entre el personal sanitario, por la propia enfermedad y por estar insuficientemente protegidos, la falta de previsión de respiradores, plazas de UCI, mascarillas, etc.

2) Han sido ineptos: nos ha tocado luchar contra la crisis con los ministros menos preparados para ello, con un filósofo que confesó en una rueda de prensa que no sabía qué era la hidroxicloroquina, cuando se estaba ya agotando en las farmacias. Con un comunista confeso de vicepresidente "social", más preocupado por aparecer en las ruedas de prensa que en paliar los verdaderos problemas sociales que esta crisis ha originado. Con un epidemiólogo portavoz que ha acabado pillando el virus, y que en su día promovía el acudir a manifestaciones multitudinarias, para días después justificar el confinamiento en los domicilios. En fin, la lista es larga y sería tedioso resumir aquí el descrédito de unos políticos que un día toman una decisión y al día siguiente tienen que modificarla, absolutamente sobrepasados por los acontecimientos. Como muestra basta decir que el presidente de España presumía un día de que había comprado unos test "homologados", para que en pocas horas se supiese que eran una "ganga" (en palabras de una de sus ministras), y que les habían engañado como a chinos.

3) Han sido ineficientes: la mayoría de las medidas económicas son para la galería, prestamos (que hay que devolver, y las empresas privadas cerradas no podrán devolver nada), prórrogas en el pago (que habrá que pagar y los autónomos que han cerrado su chiringuito no podrán). Nunca han hablado de reducirse ellos el sueldo. En fin, medidas para que paguen otros (empresas, bancos etc.) el desaguisado que han creado con su falta de eficacia y que es mayúsculo, sobre todo en la toma de decisiones inadecuadas en momentos especialmente difíciles. El recuerdo del plan E acometido por Zapatero, con el dispendio y falta de resultados, que supuso en el momento mas grave de la anterior crisis económica, queda pequeño en comparación con lo ocurrido.

4) Han mentido: y esto es lo más grave, "los test están por llegar", "mañana o en los días siguientes", etc. etc. y el empeño en contratar con una empresa que el propio gobierno chino denuncia como no autorizada, es como para pensar lo peor. Los anuncios de los brotes verdes en la anterior crisis económica, que nunca llegaban, se parecen mucho al pico de la curva que "ya parece que está llegando", cuando las muertes no hacen más que subir, las UCI de las principales ciudades están ya desbordadas y los sanitarios, en guerra por haberles mandado a la lucha sin el suficiente material de protección, claman al cielo desde las tumbas abiertas por los fallecidos por el coronavirus.

Las consecuencias de las mentiras es el descrédito de los políticos en general, y ya quisiéramos tener no ya a Adenauer, De Gaulle o De Gasperi, muchos nos conformábamos con tener al menos a Adolfo Suárez, o a Felipe González. Este descrédito hace que muchos se aparten de la política asqueados y se pregunten si hay algún sistema mejor, dando origen a una más que segura polarización, al nacimiento de populismos y vendedores de crecepelos, que seducirán a muchos y dificultarán el resurgir de nuestras cenizas.

O quizás no -no soy futurólogo-, y tal vez surja una nueva raza de políticos que antepongan los consejos de los sabios y entendidos -que en España hay muchos- a sus intereses políticos partidistas y veamos de nuevo un resurgir como el que se originó con la gesta mítica de Pelayo y la batalla de Covadonga.

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