03 de abril de 2020
03.04.2020
Manual de objeciones

A media asta

02.04.2020 | 22:30
Jorge Bethencourt

Que paren las rotativas. Que se suspenda la señal de la televisión. Que tiren los guiones de los informativos, porque hay que encabezarlos con una nueva noticia de impacto: el Partido Popular, después de una profunda reflexión y tras muchas e intensas discusiones entre lo más florido de su intelligentsia, ha decidido pedirle al Gobierno que coloque las banderas nacionales a media asta, como señal de duelo por las víctimas del coronavirus.

Vaya aportación. Para caerse de nalgas y no levantarse en una semana. Estoy seguro de que las familias a las que no se ha permitido despedirse de sus seres queridos, confinados en residencias de mayores, sentirán un enorme consuelo. Y que los hijos que vieron a sus padres agonizar y a los que dijeron que no había respiradores disponibles para ellos se les pasarán las ganas de acordarse de las madres y padres de los políticos. Se baja la tela roja y gualda por el palo para abajo y es como si un viento de frescor entrase por la herida abierta de España.

Esto es lo que hay. Este es el espíritu del tiempo de los postureos. A los médicos, médicas, médiques, enfermeros, enfermeras, enfermeres, celadores, celadoras y celadoros -a mí eso del género me va a matar, se lo juro por mis padres y madres- en vez de darles guantes, mascarillas y gafas protectoras les damos los aplausos de las ocho de la noche y los gritos de entusiasmo desde la comunidad de las ventanas. "¡¡Bravo, colegas. Ánimo valienteeess!! Y nos vamos para adentro a comernos el bocadillo de calamares". Y a la parranda de cantadores del Gobierno que nos toca las gónadas le tocamos los calderos metiéndole majazos con un cucharón, con lo que jodemos el cucharón y el caldero.

Lo único peor que tener como responsables de conducir al país a una panda de incompetentes es saber que la alternativa es igual. Nos engañamos pensando que llegará alguien con una fórmula secreta; una poción mágica que nos hará pagar menos impuestos, tener mejores servicios y ser felices para siempre. Pero ya somos mayores para creer en pajaritos preñados. Para salir del hoyo de la crisis no hay más camino que la austeridad pública y el sacrificio privado. Más impuestos y peores salarios. Mantener los servicios públicos esenciales, ayudar a los que se mueren de hambre y trabajar a destajo para volver a levantar el totizo.

Todos los países de Europa van a pagar las consecuencias del virus que ha cambiado el nuevo siglo. Y, como dicen los optimistas, saldremos adelante. Solo que algunos lo harán antes que otros y a menor coste. Como pasa con las familias, están mejor preparados los que ahorraron más y los que no tienen deudas. En España tenemos una deuda pública equivalente a nuestro PIB de un año, diez millones de pensiones, cuatro millones de salarios públicos y dentro de nada siete u ocho millones de parados. Igual no va a ser mala idea del todo esa idea del PP de poner la bandera a media asta.

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