Esta es una pregunta recurrente que, en alguna ocasión, soportamos siendo adolescentes de labios de aquellos que nos querían. Era la manifestación de una preocupación por nuestro futuro encerrada en la ilusión de quienes esperaban que la respuesta les satisficiera. Era como decirnos que nuestro presente les alegraba y que nuestro futuro les inquietaba y que deseaban que no tuviéramos nada que padecer. ¿Y tu, qué quieres ser de mayor?

No teníamos edad para desgranar la pregunta. Pero, queriendo o sin querer, nos preguntaban por el ser. Podemos hacer cualquier cosa, pero "ser" de mayor era el objeto de la cuestión. De haber hecho entonces, al menos inconscientemente esta reflexión, la común respuesta de todos sería la misma: "yo quiero ser feliz y hacer lo que me gusta". Y no es mala la respuesta. Porque es una lástima no ser feliz y no poder dedicarnos a hacer lo que nos llene la vida. Aún recuerdo lo que me dijo mi hermana hace ya algunos años: "Hago lo que me gusta, y encima me pagan". ¡Qué dicha!

Pero hay otro nivel. Hay algunas personas que han experimentado que ayudar a otros a ser feliz es la mejor manera de serlo. Es como si la pregunta cambiara de protagonista y la respuesta ya no es-tuviera centrada en la propia felicidad, sino en la felicidad ajena. Es aquella que suena así como "Yo quiero hacer algo que ayude a la gente". Una profesión de servicio. Luego nos hemos dado cuenta que toda profesión posee una intrínseca dimensión de servicio al bien común y a los otros. Pero se trataba de reconocer que hacer bien a otros es la más hermosa manera de ser feliz.

Aún hay otro nivel. Es el nivel vocacional. Asumir la vida como respuesta a una ilusión trascendente de Otros sobre nuestra vida. Aquí la pregunta cambia: no se trata de lo que yo quiera ser de mayor, sino de lo que Dios quiere que yo sea de mayor. Ya sé que uno debe estar abierto a la trascendencia y creer en Dios para hacerse esta pregunta. Pero tal vez podría plantearse en el formato de aquello para lo que nuestra naturaleza está preparada, de aquello que da sentido a nuestra identidad, de aquello que responde a nuestra profunda libertad. Todo esto es, de hecho, lo que Dios quiere.

A lo largo de esta semana, en la diócesis de Tenerife, estaremos mirando al Seminario Diocesano. Es muy honrado dedicar tiempo a discernir nuestra vocación. Y nada mejor que ser feliz con una vocación de servicio.