No es no. De ninguna manera. Jamás de los jamases. Por encima de mi cadáver. Por mucho que los empresarios saquen los cuernitos al sol, no habrá gas en Gran Canaria. Porque el gas es un repugnante engaño. Es un derivado del petróleo que viene disfrazado de combustible ecológico para impedir la implantación de las energías buenas y limpias, que son las renovables. Y ahí quedan esas palabras contundentes, inequívocas, firmes, flotando en el miasma político de Canarias.

Antonio Morales, azote del neocapitalismo chicharrero, sacó en su día su verbo flamígero contra la implantación del gas en Canarias. Y tras él salieron, en devota y ordenada procesión, todas las fuerzas de la progresía tinerfeña, confundiendo la implantación del gas ciudad con las regasificadoras. No íbamos a andar con sutilezas. Cuando la española carga contra algo es que carga de verdad. El futuro era de las renovables. Del sol y del viento, que como decía Rodríguez Zapatero, son los dueños del mundo.

Cogida en mitad de la polémica, la central regasificadora de Granadilla se las llevó todas en el mismo cachete. Le levantaron las enaguas para enseñar sus vergüenzas. Millones de inversión que no se iban a amortizar en la puñetera vida. Que cerrarían el paso a crear nuevos parques eólicos y fotovoltáicos porque, claro, habría que rentabilizar el pastizal que invertiría una empresa privada en el polígono de Granadilla. Hasta la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia, la misma que aplaudió con las orejas la implantación de una regasificadora en Huelva, informó del disparate que queríamos hacer los tinerfeños en el puerto de Granadilla. ¡Habrase visto!. Y claudicamos con la misma silenciosa resignación con las que las palas retroceden ante un escarabajo endémico y el respeto con el que construimos tanques climatizados para transportar sebadales estresados. A tomar por saco la regasificadora.

Ante tamaña avalancha de razones de mucho peso político, Tenerife agachó las orejas. En vez de suministrar gas a los barcos que operen en nuestros puertos, optamos por traerlo en gabarras desde puertos peninsulares. En vez de usar gas para obtener electricidad decidimos quemar seis mil toneladas anuales de fueles, más contaminantes y venenosos. Es incoherente, pero no importa. Lo relevante era el discurso. Y que hiciéramos el canelo. Que perdiéramos una ventaja competitiva.

Lo importante, queridos compatriotas idiotas, es que no sacáramos adelante un proyecto de abastecimiento de gas en Granadilla para transformarnos en un punto estratégico en el abastecimiento de grandes buques. La regasificadora se colocó del rincón en el ángulo oscuro, como el Puerto de Fonsalía, como el tren, como la nueva terminal de Tenerife Sur o esos cierres del Anillo de los Nibelungos, la eterna ópera siempre inconclusa del tendido eléctrico o la red de carreteras.

Y mientras, el puerto de La Luz de Las Palmas se convertirá en 2023 en el primer puerto sostenible de España gracias una nueva planta de gas y de producción de electricidad de Totisa Holdigns. Es una planta regasificadora "buena". Porque está en Las Palmas, no en Tenerife. Por eso la energía que producirá es "limpia" y convertirá al puerto de la luz en el principal proveedor de gas del Atlántico Medio; el nuevo combustible que deberán utilizar los barcos en la Unión Europea. Y como es un "gas bueno", o sea, un gas amarillo canario, Antonio Morales ha enfundado la espada y la lengua. Todo por la patria. Lo que haga falta. Y se suceden los actos en los que todo el mundo se felicita y se da palmaditas en la espalda por el nuevo proyecto que elimina contaminación de fueles, por los cien millones de inversión, por los nuevos puestos de trabajo o por los 70 MW "ecológicos" que se aportarán al suministro de la isla.

Allá ellos si creen que la riqueza y el desarrollo proporciona la felicidad. Nosotros seguiremos aquí, en Tenerife, honrosamente tiznados por nuestros fueles y con nuestros entrañables escarabajos endémicos. Demostrando que esta isla sigue teniendo, además de muchísimos parados, la mayor producción de tontos por metro cuadrado de todas las Islas Canarias.