26 de febrero de 2020
26.02.2020
Manual de Objeciones

Una serie de catastróficas desdichas

De todas las catastróficas desdichas que hemos venido padeciendo en estos últimos tiempos, la más reciente puede convertirse en la peor. Porque, después de lo de La Gomera, nos coloca otra vez, como una recaída, en el candelero mediático

25.02.2020 | 19:47
Una serie de catastróficas desdichas

Como éramos pocos parió la abuela. Después de que uno o varios perturbados hayan convertido las islas de Tenerife y Gran Canaria en una fogalera; después de habernos convertido en un paisaje marciano invadidos por el polvo rojo africano; después de que miles de personas hayan salido a la calle a respirar veneno como si tal cosa, porque les importa todo tres yemas y media; después de ser el lugar del planeta con mayor contaminación, de haber cerrado el espacio aéreo y marítimo, por falta de visibilidad y vientos huracanados... Después de todo esto, por si fuera poco, nos aparece un nuevo caso de Covid-19 confirmado en el Sur de Tenerife. O sea. Falta que nos lluevan ranas y que un ángel grafitero venga por la noche a hacernos una pintada en la puerta de nuestras casas pecadoras.

De todas las catastróficas desdichas que hemos venido padeciendo en estos últimos tiempos, la más reciente puede convertirse en la peor. Porque, después de lo de La Gomera, nos coloca otra vez, como una recaída, en el candelero mediático. Y porque abre de nuevo todo un largo procedimiento de investigación, criba, detección y control de las personas que pudieron estar en contacto con el portador. O sea, inevitables noticias en los titulares de la prensa diaria, radio y televisión. De hecho, ya está teniendo enorme repercusión en los mercados europeos de los que vivimos.

La Organización Mundial de la Salud, que siempre está ahí para tranquilizarnos, considera que el planeta tiene que estar preparado para afrontar una pandemia con el virus de la neumonía de Wuhan. O sea, que, en su opinión, pese a todas las medidas que se tomen, la enfermedad se va a extender. Las bolsas europeas han demostrado los efectos inmediatos del pánico en el dinero con una brutal caída ante la pesimista previsión de la OMS y las nuevas alertas surgidas en Italia. Y no hace falta ser el más listo de clase para saber que si crece el miedo al contagio muchísimas familias elegirán quedarse seguras en su casa antes que tomarse unas vacaciones en las que pueden estar expuestas a un peligro innecesario.

La seguridad -su clamorosa ausencia- fue la causa del derrumbe del turismo en países del Mediterráneo como Egipto, Túnez o Turquía, afectados por la mala prensa de los atentados terroristas. Han tardado años en empezar a recuperarse. La detección de casos de esta nueva neumonía fuera de China está extendiendo la percepción de que el coronavirus es capaz de burlar todos los sistemas de contención y que ya se encuentra fuera de control, viajando anónimamente de portador en portador, lejos del alcance de quienes quieren contenerlo.

En Canarias entran cada día miles de viajeros de todas partes del mundo. Es nuestra fortaleza y también nuestra debilidad. Deberíamos controlar la entrada de posibles portadores. Dar imagen de seguridad. Pero me temo que llegamos tarde. Que nos enfrentamos a una crisis global que nos supera. Y que nos hará un daño enorme.

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