26 de febrero de 2020
26.02.2020

Miedo

Mil personas retenidas en un hotel del Sur, hasta que se pueda determinar el alcance de su posible contagio, por contacto con el turista lombardo diagnosticado -junto a su mujer- como infectado por el coronavirus de Wuhan

25.02.2020 | 23:09
Miedo

Mil personas retenidas en un hotel del Sur, hasta que se pueda determinar el alcance de su posible contagio, por contacto con el turista lombardo diagnosticado -junto a su mujer- como infectado por el coronavirus de Wuhan. Lo que nos parecía imposible ya ha ocurrido: la epidemia ha llegado a las islas y ha disparado las alarmas. Ya no se trata de un turista en La Gomera y un puñado de personas que trataron con él. El protocolo ha provocado el precinto de un hotel con mil turistas dentro, en el centro neurálgico del turismo tinerfeño. Con los datos actuales no habría por qué ser alarmista ante el avance de la enfermedad en España: es mejor actuar con diligencia, aplicar los procedimientos establecidos -eso es exactamente lo que se está haciendo- y cruzar los dedos para que no suceda nada irremediable, para que no se enlacen los problemas y nos encontremos con la repetición de algo como lo del crucero japonés.

A ver: el Covid-19 no es singularmente peligroso. No es tan contagioso como otras enfermedades a las que nos hemos enfrentado, y su coeficiente de mortalidad se sitúa ligeramente por encima del dos por ciento de los casos en China -no llega al 0,8 por ciento en el resto del mundo- y afecta especialmente a mayores, personas que ya padecen de afecciones respiratorias o pacientes con las defensas bajas. Lo mismo ocurre con una gripe normal, una como la que el que la temporada 2017-2018 (un año) infectó a 750.000 personas -de las que hubo que ingresar a más de 50.000-, y provocó la muerte de 15.000 pacientes. El problema, para países con una sanidad que funciona -como es el nuestro- no es hacer frente a una pandemia que sin duda provocará algunas muertes, pero muchas menos de las que provoca la gripe. El problema es hacer frente al miedo y evitar que la ignorancia y el histerismo se impongan al criterio técnico y las decisiones del sistema de salud.

Leo en los periódicos digitales airadas peticiones para cerrar las fronteras en toda Europa, prohibir la importación de productos chinos y otros similares disparates. Alguien preguntaba en las redes cómo era posible que un turista de Lombardía hubiera podido entrar en Canarias, sin controlar previamente si estaba enfermo o no? Con más de diez millones de habitantes, Covid-19 afecta directamente en Lombardía a poco más de 200 personas. Pero ya hay casos registrados en toda Italia del norte y Roma. De allí llegan a las islas más de medio millón anual de turistas, una cifra que se ha triplicado en la última década. ¿Vamos a establecer controles médicos a ese medio millón de turistas?

El miedo es más contagioso que la enfermedad. Pero no sólo el nuestro, también el miedo de esos millones de peninsulares y extranjeros que sostienen el turismo y la economía de las islas. La mayoría de ellos van a recibir la noticia de que un hotel de Tenerife mantiene en cuarentena a un millar de posibles afectados por contagio de coronavirus. Son las consecuencias de esa noticia lo que debería hoy darnos más miedo. Miedo a ese miedo irracional e incontrolable que puede destruirnos con mucha más facilidad de lo que pensamos.

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