14 de febrero de 2020
14.02.2020
Retiro lo escrito

Ángeles custodios

La víspera de la reunión en Gran Canaria entre el presidente del Gobierno autónomo y el ministro de Justicia el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo sentenciaba a favor de España sobre las devoluciones en caliente de migrantes

13.02.2020 | 23:31
Ángeles custodios

La víspera de la reunión en Gran Canaria entre el presidente del Gobierno autónomo, Ángel Víctor Torres, y el ministro de Justicia, Fernando Grande-Marlaska, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo sentenciaba a favor de España sobre las devoluciones en caliente de migrantes que acceden al país irregularmente. Es una decisión que ha caído como un rayo sobre asociaciones de derechos humanos, y numerosas ONG. Para los magistrados de Estrasburgo el Estado español no violó la Convención de Derechos Humanos al devolver a Marruecos a dos migrantes que lograron saltar la valle de Melilla en 2014. El matiz delirante de la sentencia reside en que los jueces consideran que los denunciantes tuvieron la oportunidad de solicitar asilo político en el puesto fronterizo o en los consulados más cercanos. Supuestamente mientras eran conducidos a rastras a un vehículo oficial y trasladados de inmediato al otro lado de la frontera. Jamás tuvieron acceso a intérpretes ni a asistencia jurídica.

Las cosas han cambiado en muy poco tiempo. En octubre de 2017 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a España por dos devoluciones en caliente en Melilla. Los hechos son idénticos, las interpretación judicial, en cambio, es distinta. La Convención Europea de Derechos Humanos ha sido palmariamente ignorada por el Tribunal. Lo peor de todo es que el propio Grande Marlaska había supeditado suspender este tipo de prácticas - tratar a los migrantes como carne trémula que se expulsa sin contemplaciones en el menor tiempo posible - al fallo del TEDH. Después de la sentencia cabe suponer que el Gobierno español considera que las devoluciones en caliente representan una metodología ya legitimada para el control de fronteras. Porque desgraciadamente ahí se agota el escaso -pero rotundo -consenso entre los estados miembros de la Unión Europea: en el control "riguroso, serio y seguro" de los flujos migratorios, evitando cualquier "daño o riesgo físico" a los que intentan llegar a Europa pero deshaciéndose de los mismos de la manera más expeditiva y rápida posible. En este contexto, "trabajar con los países de tránsito" significa alcanzar convenios para que sus autoridades se encarguen de taponar el paso de migrantes por sus fronteras. Toda esta neolengua de la Europa posdemocrática recuerda órdenes gramaticales -y finalmente políticos - de años en los que sobre las libertad y la dignidad del ser humano cayó una oscuridad atroz. Una oscuridad en la que señores y esclavos se convirtieron en cucarachas.

La cumbre celebrada ayer no fue inútil en absoluto y solo cabe felicitar al presidente Torres y comprobar la materialización de las propuestas para que los migrantes retenidos temporalmente en Canarias dispongan de más espacios, de mejores condiciones de vida, de un asesoramiento jurídico y administrativo imprescindible. Pero van a seguir llegando y España -la UE- no puede continuar instalada en la fantasía de fronteras invulnerables. Cada minuto que se rechaza en el establecimiento de cupos de entrada regulados y con garantías jurídicas por los Estados de la UE es un minuto agregado de responsabilidad en lo que está ocurriendo: muerte, miedo, indignidad, un interminable camino de sufrimiento para que, si consigues sobrevivir, un ángel custodio de nuestros móviles, hamburguesas y pantallas de plasma te envíe de nuevo al infierno.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook