21 de enero de 2020
21.01.2020

Educación: entre lo público y lo privado

21.01.2020 | 01:26
Educación: entre lo público y lo privado

La gran mayoría de madres y padres con niños y niñas en edad de escolarizar se encuentran ante la duda de cuál es el mejor colegio para enviar a sus hijos. Los parámetros más utilizados para tomar esta decisión son los siguientes: cercanía del centro, horario y calidad educativa. Pero previamente a esta elección e íntimamente relacionada con estos parámetros está la dicotomía entre la escuela pública y la privada. Dentro del ámbito de la privada hay que diferenciar entre concertada y no concertada. La primera es subvencionada por el Gobierno y gestionada por un empresario, lo que supone que está afectada en parte por la misma normativa que la pública. La segunda se sustenta solamente de lo que pagan las familias y su relación con la Administración Educativa es sólo en términos de normativa general, lo que le da aún más autonomía que a la primera.

Aunque hay más colegios públicos que privados, son estos últimos los que tienen mayor demanda, a pesar de que supongan un gran gasto por la educación de hijos e hijas (los centros concertados siempre demandan gastos adicionales). Esta paradoja social se agudiza en el gremio de la enseñanza. Muchos de los profesores y profesoras de la escuela pública tienen a sus hijos en la privada. Tal vez sea desgana o que el espejo social de los que nos dedicamos a la profesión de enseñantes se esté deteriorando, pero no parece coherente la postura de los que defienden la escuela pública y utilizan la privada. Esto genera desconfianza social sobre la calidad de la educación que ofrece la Admistración Educativa.

Tampoco es una cuestión exclusiva de la situación económica de cada familia: hay muchos alumnos y alumnas de clases menos pudientes en los colegios privados y, viceversa, algunos hijos de familias adineradas que están en la pública. Y es que hay una conciencia social de que la educación que se paga debe ser mejor que la que se ofrece gratuitamente por el Estado (y cuanto más cara, mayor calidad).

Por otra parte, muchos padres y madres eligen un colegio concertado, en vez de totalmente privado, y lo consideran más cercano a la escuela pública porque no pagan una mensualidad para que sus hijos reciban clases, aunque sí pagan grandes cantidades de otros servicios como actividades o transporte; sin embargo, sigue siendo privada y la diferencia está en que existe un patrón que contrata y despide libremente al profesorado y que acepta o rechaza al alumnado que desea, y todo ello con el dinero público. Por lo general, se admite a niños y niñas de tres años sin necesidad de dar explicaciones a los servicios de escolarización, ya que esos niveles educativos no están subvencionadas en su totalidad. Esto supone que mantienen la plaza en el centro y que apenas hay vacantes en los niveles superiores.

Otro aspecto curioso de la paradoja del profesorado es la defensa de la jornada continua como pedagógicamente mejor que la partida y luego buscar centros que tengan a los propios hijos recogidos el mayor tiempo posible. La gran mayoría de los colegios públicos tienden a cambiar a jornada sólo de mañana y uno de los argumentos principales es que los chicos rinden más en horario continuo que en jornada de mañana y tarde. Sin embargo, gran parte de las personas que defienden este argumento después buscan centros, colegios o guarderías que tengan el horario más amplio posible. Y es que la cuestión de fondo es la concepción de guardería que se está dando a la enseñanza en general. Cuanto más estén chicos y chicas en la escuela menos nos importunan en casa. Y en esto sí que la pública no compite con la privada o concertada. Cuando el trabajo depende de cómo se cuide a la clientela, a buen recaudo que se esmeran más, y esto es lo que pasa en los colegios privados, ofrecen una gran variedad de actividades extraescolares de tal manera que el alumnado pueda permanecer en los centros casi toda la tarde.

Lo trágico de toda esta situación es que, mientras la concertada está llena, con mucha demanda y con listas de espera para entrar, los centros públicos cada vez tienen menos alumnado y hacen grandes esfuerzos por mantener una enseñanza de calidad, con grandes profesionales y los recursos necesarios, para los pocos alumnos y alumnas que llegan. Mucha de la oferta concertada ocurre en las cercanías de colegios e institutos con gran cantidad de plazas de oferta pública, sobre todo en los ámbitos metropolitanos.

El nuevo Gobierno de coalición ha anunciado cambios en el modelo educativo, pero sin concretar mucho cómo seguirán los conciertos educativos y la oferta de plazas de la enseñanza pública. Aún así, la solución para poder tener una escuela pública competitiva pasa por seguir ofreciendo una enseñanza de calidad, con gran número de actividades extraescolares, con la implicación de todos los sectores representados en el Consejo Escolar, y concienciarnos de que lo gratis no debe ser peor que lo que nos cuesta dinero. En la actualidad, en la educación pública se han cubierto casi todas las necesidades de transporte en los colegios y cada vez son más los centros que ofrecen los servicios de comedor, dos de los servicios complementarios que aportan soluciones a muchas familias. Si todos aunáramos esfuerzos no tendríamos que pagar para que nuestros hijos e hijas recibieran una educación completa, adecuada y de calidad.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook