Otra vez la tierra lo ha vuelto a hacer y después de 365 días, y un poco más o un poco menos, ha terminado de dar su protocolaria vuelta al sol, ofreciéndonos otra vez el gran espectáculo de las estaciones. 2020 se avanza un año interesante, y estoy seguro de que habrá grandes avances en el terreno biomédico. En nuestro caso lo hemos iniciado de maravilla, el 1 de enero, explicando cómo las mutaciones pueden desestabilizar las proteínas y cambiar su estructura, generando enfermedades. ¡Para esto sirven las matemáticas! Y lo mejor es que esto solo es el principio. ¿Se imaginan el titular?: "Revierten la enfermedad de Alzheimer". No hablo de cronificar, que ya sería un éxito, sino de revertir, es decir, de volver al estado inicial. ¿Qué pagarían por leer esta noticia, o muchas otras de carácter similar concernientes a enfermedades hoy sin cura y que generan mucho dolor e indefensión? La gran mayoría respondería: "un potosí"; sin embargo, como bien dice un cómico argentino, se invierte mucho más en viagra y en implantes mamarios que en investigar la enfermedad del olvido. Resultado: tendremos batallones de viejos excitados y de viejas con tersos y esplendorosos senos, pero no sabrán para qué. Obviamente, aunque se trata de una parodia propia del club de la comedia, refleja una realidad subyacente: la investigación biomédica adolece de financiación y las empresas farmacéuticas impulsan lo que ellos denominan (erróneamente) medicina de precisión, casi exclusivamente en el mercado del cáncer, y solo para vender sus medicamentos. ¡Unos genios! Y aunque la supervivencia al cáncer ha mejorado en todo el planeta, ya se habla de onco-plutocracia, es decir, los pacientes más ricos tienen un mejor pronóstico, y las diferencias en el resultado final son cada vez más grandes en función de los ingresos.

El auge de las técnicas de secuenciación completa del genoma hizo creer en una revolución de la medicina para el estudio y tratamiento de las enfermedades, pero la realidad es bien diferente, dado que de los veinte y pico mil genes del ADN, las empresas solo estudian unos 300, que son aquellos que denominan accionables, es decir, para los cuales poseen algún medicamento que pueden vender y alargar la supervivencia tímidamente. ¿Y qué hacen con el resto? ¡Nada! Por ese motivo los avances son muy mediocres, dado que aún existe un gran desconocimiento sobre sus funcionalidades. Lo hemos visto recientemente en el caso del mieloma múltiple, donde muchos de los genes importantes no están caracterizados. De hecho, todavía no está muy claro cuántos genes posee el genoma humano. Los americanos estiman 20.433 genes codificantes de proteínas y 17.835 genes de ARN no codificante; mientras que los europeos hablan de 19.901 genes codificantes y de 23.348 genes no codificantes, es decir, un cachondeo. La pregunta es: ¿para qué sirven todos estos paneles genéticos que venden la idea de que el tratamiento es avanzado, cuando debido al alto grado de incertidumbre y de desconocimiento, realmente no lo es? La respuesta es sencilla: para vender y quitarse el muerto de encima a la hora de tomar una decisión médica. Se trata de un desperdicio a la hora de llevar la genética al dominio traslacional. Para que se hagan una idea, es como si se sacrificase una vaca y solo se consumiese el 1,5% de su solomillo. Es, por lo tanto, necesaria mucha más investigación traslacional de calidad, porque con el estado actual del arte el cohete no puede llegar muy lejos. ¿Cómo va a financiar la sanidad pública tests diagnósticos costosos para prescribir tratamientos altamente ineficientes? Pas possible!

Una historia apasionante es la del hombre rata, un judío llamado Tamir Gilat, que sobrevivió a varios tipos de cáncer agresivos con metástasis gracias al reposicionamiento de fármacos realizados por científicos del Israel Cancer Research Fund. Por esa razón se le conoce como el hombre rata, dado que decidió probar tratamientos que por entonces eran experimentales. Lo mismo se podría hacer en nuestro país mediante la modalidad de uso compasivo. La realidad es la que es, y si se desea avanzar en el tratamiento hay que incentivar y facilitar la investigación traslacional con humanos. También se está trabajando con perros (nuestros mejores amigos) para tratar cánceres similares al de los humanos. El tema no es sencillo y posee componentes éticos que deben ser cuidados y respetados, dado que no se puede utilizar a los humanos (ni a los animales) como cobayas, pero al mismo tiempo no se debería hurtar la posibilidad, por remota que parezca, de poder encontrar soluciones a enfermedades por el momento incurables. Las cifras son alarmantes, dado que los casos de cáncer aumentaron un 28% en seis años y se calcula que el número de muertes superará los 10 millones a nivel mundial. Se trata pues de una pandemia y a la vez de un mercado descomunal. Además, algunas de las nuevas terapias son extremadamente caras y solo están disponibles para los más ricos. ¡Solo tenemos que copiar a nuestros hermanos los judíos!

Si esto se une al creciente envejecimiento de la población y a la falta de leyes que regulen el derecho a una muerte digna, el problema es de entidad. En cualquier caso, mucho más importante que la bazofia catalana que nos sirven a diario. No es de recibo que nuestros compatriotas se vean abocados a comprar por internet los remedios que les permita quitarse de en medio. Tampoco lo es que personas enfermas tengan que irse a otros países, como Holanda o Bélgica, para que puedan morir tranquilamente, dejando allí las "perras". La Iglesia católica puede decir misa. Que devuelvan primero todo lo que nos han robado mediante inmatriculaciones indebidas, pidiendo perdón: ¡en torno a 30.000 bienes, y eso que hacen voto de pobreza! España es un país aconfesional y nuestros políticos tienen que dejar de ser unos cagones, y promulgar las leyes que permitan que cada cual decida libremente su destino. Y el que no esté contento que mee contra el sol. Dar solución a estos problemas es fundamental para nuestro futuro como país. Se necesita una buena dosis de ética, humanidad y pragmatismo. Si se analizasen las causas de los suicidios en España todo sería diáfano. ¡Es tan sencillo quitarse del medio!