12 de enero de 2020
12.01.2020

Meter miedo en el cuerpo

12.01.2020 | 00:18
Olga Seco

La emocionalidad, muchas veces, es sombra que dibuja dramatismos junto a las opacidades del entendimiento. Claramente, lo vemos a diario, junto al confusionismo se trazan mundos paralelos que erróneamente nos alteran la conciencia. Qué de cosas, que creemos ver, son quimeras creadas por nuestra mente... Muchos ánimos apesadumbrados son el peso de la melancolía que pesa y en ocasiones transforma. Me llama la atención, y mucho, la cantidad de personas que pasean por la tortuosa calleja de la manipulación y sin reparo se dedican a meter miedo en el cuerpo. Siempre, claro está, en pos de sus intereses. Pocas personas, a la hora de hablar de política, lo hacen con el austero empaque de la neutralidad. Lo antagónico y contrapuesto, muchas veces, determinan las circunstancias para pensar mejor. La incomprensión, opinión subjetiva, es la suposición menos probable que determina (con motivos o sin motivos) la falta de entendimiento. ¿Qué está pasando desde la investidura de Pedro Sánchez?

No soy de ningún partido político, por lo tanto, puedo trascender con el pensamiento y ver que lo que están haciendo "algunas personas" no es de recibo. Aparentemente, viendo sus actos, se deduce que quieren acojonar a los ciudadanos... Creo, que es importante, darse cuenta que (a veces) lo grupal es el dogma disperso buscando lo correlativo. Cada persona, faltaría más, puede apoyar las conjeturas que quiera; pero nadie (absolutamente nadie) debe sembrar miedo. ¿Saben? El miedo es una incógnita mala, ejerce de verdugo sin acreditarse y desvirtúa el sentido de la realidad. Me parece que el miedo es una forma de inmolar nuestra existencia... ¿No lo creen?

La inquietud, constante o intermitente, desgasta y da un color enfermizo a la razón. Las influencias (pocas veces) son amables damas que vienen a despertarnos con un beso en la frente. Todo lo nuevo, lo recién nacido, debe guardar la armonía de la espera para verlo andar. La serenidad es el candor del rostro inteligente que no cambia de mueca por nada...

Junto a la contemplación está el estudio que detenidamente nos hace fecundo el pensamiento. Tenemos una herramienta más poderosa que el miedo y se llama: reflexión. Jamás junto a ella nos sentiremos saturados por la manipulación ajena. Sumirse en preocupaciones, solo por lo que nos cuentan, es menospreciar nuestra capacidad para pensar. Somos lo que pensamos y debemos hacerlo con soltura; nuestra fuerza expresiva nos pertenece y nuestros motivos también.

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