11 de enero de 2020
11.01.2020
A Babor

La historia detrás de la bronca

En Coalición pasan cosas: hay un mar de fondo –aireado y en parte alimentado por la presión de los medios– a cuenta del voto de Ana Oramas.

10.01.2020 | 23:23
La historia detrás de la bronca

En Coalición pasan cosas: hay un mar de fondo –aireado y en parte alimentado por la presión de los medios– a cuenta del voto de Ana Oramas. Pero lo que de verdad se está dirimiendo, de forma bastante más silenciosa, es el futuro Congreso, y más concretamente si Clavijo asumirá (o no) el liderazgo de un partido hoy bastante noqueado. En realidad, Coalición no ha dejado de enfrentarse a su pecado fundacional, ser una organización suma de proyectos políticos de base insular, con ideologías no asimilables, y que confluyeron hacia el nacionalismo desde el insularismo, el centrismo, la izquierda cristiana o el comunismo apanfilado de Ican, porque esa era la única opción que tenían para dotarse de una ideología común. La forzada ruptura con Coalición de Román Rodríguez –antiguo militante de la Unión Nacionalista de Izquierdas, una organización también comunista– solo resolvió parte del problema de incompatibilidad de las bases sociológicas y electorales de Coalición. De hecho, Tenerife y La Palma siguen siendo hoy organizaciones más conservadoras que el resto –aunque haya dirigentes de La Palma que juegan a la contra tinerfeña, porque ese es el gen propio palmero–; Fuerteventura es deudora de su asamblearismo izquierdista a pesar del maltrato al que la izquierda, incluyendo Nueva Canarias, sometió a Asamblea Majorera tras el derrumbe de estas elecciones; o en Gran Canaria, quienes siguieron en Coalición tras la salida de Román Rodríguez viven arrastrando como penitentes su complejo de sometimiento a la pérfida ATI€
Además de esos problemas, el partido se sostiene sobre la ficción de paridades que no responden al peso real de las distintas organizaciones. Gran Canaria tiene la misma representación que Tenerife en los órganos de control, con la quinta parte de afiliados y un tercio de sus votos, y la representación del conjunto de las islas periféricas pesa tanto como la de las dos islas centrales, siguiendo el modelo de la triple paridad. Es verdad que ese sistema, heredado de los tiempos del liderazgo fuerte de Manuel Hermoso, ha funcionado durante mucho tiempo como mecanismo generador de algunos consensos. Pero ahora, con liderazgos más frágiles, se ha convertido en el mecanismo que provoca bastantes conflictos, y obliga a liderazgos regionales sin gran peso en sus islas, porque es fruto de la suma de desconfianzas de las otras islas hacia el poder que se confiere al primus inter pares. El caso del incombustible Barragán es paradigmático: su peso en Coalición es el resultado de no ejercer nunca su poder teórico para decidir o ejercer el liderazgo. Si ha logrado seguir en el machito tanto tiempo, a la orden de gentes tan distintas como Paulino Rivero y Fernando Clavijo, es porque ha aprendido a sobrevivir sin inmutarse, rumiando eternamente su tabaco.
La organización interna de Coalición, su formato de toma de decisiones, responde a un sistema muy complejo y complicado, en el que una voz que se levante lo suficiente, y que hable por una isla (o diga hacerlo) puede imponer un discurso o bloquear una propuesta.
Eso es lo que ocurrió con el pronunciamiento del Consejo Político sobre el voto en la investidura. La mayoría tinerfeña era en origen partidaria de votar 'no', pero la Ejecutiva tinerfeña optó por dejar también abierta la puerta a la abstención porque desgastaba menos, y porque nadie de quienes podían haber defendido el 'no' quería dar la batalla por imponer la posición de la mayoría tinerfeña con un Congreso definitivo a las puertas, un Congreso en el que el único candidato con posibilidades de producir el suficiente consenso es el de Tenerife.

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