08 de enero de 2020
08.01.2020
Retiro lo escrito

Apenas tres notas

Son precisamente los malos resultados -y no un éxito electoral- lo que precipitó el veloz preacuerdo entre PSOE y UP a 48 horas de cerrarse los colegios electorales.

07.01.2020 | 21:17
Alfonso González Jerez

1. "Dejen que gobierne quien ha ganado las elecciones, admitan lo que han elegido los ciudadanos". Es el reflejo especular del estúpido delirio del golpe de Estado que han puesto en marcha las derechas. Los ciudadanos no han elegido un gobierno PSOE-UP. De hecho lo que ocurrió entre las elecciones de abril y noviembre del pasado año fue que el PSOE e IU perdieron votos (más de 700.000 el primero y cerca de medio millón el segundo) mientras aumentaban los apoyos a la derecha y ultraderecha. La suma entre socialistas y UP no llega al 25% de los votos emitidos hace dos meses. Son precisamente los malos resultados -y no un éxito electoral- lo que precipitó el veloz preacuerdo entre PSOE y UP a 48 horas de cerrarse los colegios electorales.

2. El nuevo Gobierno, por tanto, no disfruta de un amplio respaldo popular. Respaldo popular es el que consiguió el PSOE liderado por Felipe González en 1982 o 1986, el PP de José María Aznar en el 2000 o incluso Rodríguez Zapatero en el 2004, con más de un 39% del voto válido emitido. El Ejecutivo de Pedro y Pablo no dispone de una amplia base socioelectoral, movilizada y dinámica. El empoderamiento post 15-M ya carece de interés para Iglesias o Garzón, quien después de enterrar a Izquierda Unida en la insignificancia recibirá un ministerio descangallado. El propósito de sabor laclauniano de impulsar, robustecer y articular un bloque social desde el Gobierno supone una forma de ingeniería política impracticable en las actuales condiciones, cuando no democráticamente sospechosa. Entre esas condiciones invalidantes se encuentran los compromisos adquiridos con Bruselas para cumplir con unos objetivos de déficit y deuda de los que España se desvía hace cuatro años. Cuando es perceptible la desaceleración económica la UE solicita ajustes de al menos 6.600 millones de euros, mientras que una lectura conservadora de los costes del programa social del nuevo Ejecutivo se elevaría en su primer año a los 10.000 millones de euros -si se consiguen aprobar unos presupuestos generales-. Donde no lleguen las perras se practicará -se intensificará- la guerra de guerrillas cultural. Los cargos del PSOE y de UP disfrutan mucho con eso: es una delicia cobrar el sueldo de un director general o un subsecretario y hacer posturitas guerracivilistas y llamar facha de mierda a cualquier discrepante o débil de espíritu.

3. El Gobierno sufrirá fuego enemigo y carbonización amiga. El PP, obsesionado por superar el nivel de testosterona de Vox -a Casado solo le faltó el fin de semana subir a la tribuna con una copa de Soberano en la mano, un condón usado en la solapa y un palillo en los dientes, traidores, miserables, desleales, golpistas, follapocos- recurrirá a todos sus recursos para cuestionar la incuestionable legitimidad del Gobierno y boicotear su gestión. Cada mañana, un escándalo, cada discurso, una calumnia, cada noche, una conspiración. Saben que el fracaso del frágil tinglado sanchista garantizará una década -al menos- de las derechas en el poder. Pero el frente más peligroso lo tienen en ERC a la que, es obvio, la gobernabilidad de España le trae sin cuidado. Ezquerra sabe lo que quiere y marcará ritmos y agonías. Sánchez y el PSOE no disponen de una estrategia de negociación clara y ordenada con el independentismo catalán. Van a salto de mata, dispuestos a improvisaciones milimétricas, pausas prolongadas y gestos de pavor. ERC aguantará así tres o cuatro meses: es lo que necesita el Gobierno para aprobar su presupuesto y disponer de un margen de maniobra de un par de años. No tendrán más.

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