04 de enero de 2020
04.01.2020
A BABOR

Un redactado 'inclusivo'

04.01.2020 | 01:28
Un redactado 'inclusivo'

Llevamos años con la política obsesionada por el lenguaje, por la importancia del lenguaje en la transformación de la realidad. La obsesión por las palabras nos hace olvidar que son palanca de cambio, y no cambio en sí mismas. El ministro Ábalos ha intentado explicar hoy la ausencia de cualquier referencia a la Constitución española en el acuerdo de investidura suscrito por el PSOE y Esquerra, y lo ha hecho alegando una solemne estulticia: según Ábalos, al referirse el cuerpo del acuerdo al "respeto a los principios que rigen el ordenamiento jurídico democrático", se hace porque "esta frase es mucho más inclusiva y obviamente la Constitución preside el conjunto de normas. Esta expresión incorpora la Carta Magna y todo el conjunto del sistema jurídico".

Tenemos, pues, al decir de Ábalos un acuerdo caracterizado por su pletórica inclusividad, que mete a la Constitución, pero sin mencionarla, supongo que porque mentarles la Constitución a los independentistas sería descortés y maleducado. Ábalos se queda tranquilo con haber logrado que la Constitución este incluida (aunque no se la mente ni se la vea), pero yo creo que el verdadero problema del acuerdo no es ese, sino que no incluye por ningún lado a esa mitad de catalanes y a la mayoría de españoles que no quieren la independencia de Cataluña.

Uno supone que sería el PSOE quien representara a toda esa gente en este acuerdo que poner en marcha -en quince días- la primera negociación de la historia de España entre dos poderes del Estado, el Gobierno de la nación y la Generalidad, ahora sin Torra -veremos cómo pinta eso- y en igualdad de condiciones.

Porque eso es la bilateralidad, otro palabro con el que no se cambia el mundo, pero se confunde al personal. El problema es que en este acuerdo el PSOE ha preferido representar a Pedro Sánchez antes que a los ciudadanos contrarios a la independencia, como pudimos comprobar ayer en las sonrientes y felices imágenes de la ejecutiva federal que ha respaldado sin fisura alguna el acuerdo de investidura. Hay que felicitar a Sánchez por haber sabido montar una ejecutiva tan amplia -50 miembros- sin que le aparezca un solo disidente. Y por la habilidad de desplazar el debate sobre pactos -competencia del Comité Federal- solo a su Ejecutiva y no al Comité Federal, al que se le contará el resultado del asunto con el Gobierno ya formado. Por no hablar de las promesas del propio Sánchez de consultar a las bases del partido sobre los pactos políticos, promesa que -en esta ocasión- el señor Sánchez se ha pasado directamente por el occipucio.

En fin, que estamos ante un acuerdo con un redactado al decir de Ábalos muy inclusivo, pero -a fe mía- bien peligroso: un acuerdo que promete un diálogo entre dos posiciones irreconciliables, y agrava los riesgos de fractura política y social en Cataluña y en el resto del país. Un acuerdo que solo sirve para evacuar un Gobierno endeble y sin objetivos claros.

En fin, que Sánchez tiene que explicar a los españoles -y hacerlo con un lenguaje más inteligible que inclusivo- qué diablos es lo que pretende lograr con la mesa bilateral, la consulta a los catalanes y -ya de paso- las amenazas a quienes no voten su investidura. Sospecho que millones de españoles, entre ellos cántabros y canarios, quieren escuchar esa explicación.

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