30 de diciembre de 2019
30.12.2019
Sangre de drago

Ponerle puertas al campo

29.12.2019 | 23:34
Juan Pedro Rivero González

De hecho se hace, cuando se colocan vallas en la propiedades privadas evitando que el amigo de lo ajeno atente contra las cosechas propias. Pero es difícil ponerle puertas al campo. En no pocas ocasiones escuchamos, como sucesos en los periódicos, las toneladas de aguacates que alguien roba en una finca ajena vendiéndolos luego en espacios ennegrecidos. Pero no es de eso de lo que quería hablar en esta ocasión. Quería centrarme en el hecho de poner puertas, sean en el campo o en casa. La puerta como una herramienta de que todos usamos para entrar o para salir de tantísimos lugares. Puertas que tienen llave, cerraduras, candados? Puertas eléctricas o manuales, de hierro, aluminio o madera. Puertas en definitiva que abren o cierran.

Por la vía de sus llaves conocemos el número de puertas que controlamos. Y son a veces excesivas. Hay que hacer un ejercicio de estructuración para situar las llaves en los llaveros de manera que el peso no nos agobie el bolsillo. Quien tiene la llave que abre la puerta tiene el poder. Aún resuena con fuerza el consejo dado el encomendarnos una responsabilidad en aquella frase que dice "ojo con a quién le entregamos las llaves". Todo es cuestión de control de puertas.

¿Para qué sirve una puerta? Para cerrar espacios y garantizar seguridades, pero también para abrir posibilidades y acceder a realidades. Una misma puerta puede ser una extensión de un muro cerrado, o puede ser una ocasión de acceso a un nuevo lugar. Porque las puertas pueden estar cerradas o pueden estar abiertas. Deben estar así, a veces cerradas y a veces abiertas. Porque para esta función fueron establecidas por la inteligencia creativa de los humanos.

Habitamos ya un mundo atravesado por la experiencia de globalización que hace irreversible que se vayan estableciendo sociedades abiertas a culturas diferentes. Nos toca tener que lidiar, con cintura, con tradiciones culturales distintas en medio de nuestras propias experiencias culturales. Y no es malo que esto ocurra. Las puertas de nuestra sociedad pueden estar cerradas o pueden estar abiertas. Soy consciente de que deben ser siempre aperturas sostenibles. Pero la cerrazón absoluta es una señal de entender la cultura como una cueva en la que inverna el oso.

Considero paradigmático que la diócesis de Tenerife celebre sus doscientos años de creación abriendo la puerta santa de la Catedral. La santidad no es la de la puerta, sino la de quienes la atraviesan en busca de misericordia, que es la experiencia que santifica a quien entra por la puerta. Una puerta abierta, por la que entrar y salir, por la que encontrarnos a nosotros mismos buscando al Otro siempre más allá y siempre más acá. Y digo paradigmática la apertura de la puerta porque a esta altura del siglo XXI las puertas cerradas son augurio de ideologización del pensamiento y culpabilizarían de las acciones. Abrir la puerta es iniciar algo; habla de presente y de futuro. Abrir la puerta es ponerle bisagras a la historia y sentirnos enriquecidos por el mero hecho de existir.

Quienes tienen las llaves de las puertas deben sentir que no son dueños, sino servidores de posibilidades que trascienden su llavero.

¿A quién se le ocurre ponerle puertas al campo? Feliz Año Nuevo.

@juanpedrorivero

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