El presidente de Cataluña habló ayer con su homólogo español, Pedro Sánchez. Un cuarto de hora, porque la cosa no daba para más. Quim Torra lo tiene claro desde hace mucho tiempo: "España ha sido un país exportador de miseria, material y espiritualmente hablando. Todo lo que ha sido tocado por los españoles se ha convertido en fuente de discriminaciones raciales, diferencias sociales y subdesarrollo". O sea, que hablar con españoles, lo justito. Que todo se pega.

El PSOE de Sánchez está pasando por el mal trago de comerse casi todas sus palabras. Hasta ayer, el líder socialista no quería hablar con el catalán porque no condenaba la violencia. Pero los independentistas le están haciendo pasar por la quilla. Y a pesar de todos los esfuerzos y del intenso olor al incienso del diálogo, se pueden percibir ya efluvios de humillación. Es lo que tiene la descomposición de los cuerpos políticos: que huelen fatal.

Es impresentable que para hablar con Torra el equipo de Moncloa se haya inventado, deprisa y corriendo, una ronda telefónica de llamadas a los presidentes de comunidades autónomas. Una maniobra tan pueril y tan obvia habría causado carcajadas en otro país que no fuera este, tan aficionado a las panderetas y a tirar las cabras desde los campanarios. Para hablar con uno ha tenido que hablar con todos. Cómo se sacrifica este hombre por llegar a lo más alto.

Pero lo importante es lo que habló. Ya saben. Y dicen que reconoció la "naturaleza política" del conflicto en Cataluña. Que eso, por lo visto es muy relevante para los secesionistas catalanes. O sea que el conflicto no es de naturaleza física, ni filosófica, ni cuántica. Es pura política. Pero eso ya lo sabía Torra que le había dedicado a a España, estas emocionantes palabras." No das ningún miedo, bestia inmunda. Y por eso ya podemos mirarte a los ojos, sin bajar la cabeza, sin desviar la mirada, y decirte: ¡saca tus garras de nuestras urnas!". Eso sí que es poesía y no lo nuestro de la sombra del almendro.

Aclaremos una cosa: el Gobierno catalán quiere amnistía y libertad. Y considera que Cataluña es un estado soberano ocupado ilegalmente por los españoles. Quienes mantienen que la única solución para el problema con Cataluña es el diálogo están mintiéndose a sí mismos y a los demás. El diálogo solo es un paso previo a los acuerdos. La pregunta relevante es: ¿qué están dispuestos a poner sobre la mesa a cambio de conseguir la investidura?

Ya sabemos -todos menos Torra- que la independencia no es ni jurídica ni políticamente viable. Pero tampoco será posible una semilla, por mucho que la entierres, que prometa venidero frutos. El futuro Gobierno de Pedro Sánchez será estrechamente observado en cualquier medida que acuerdo tomar con Cataluña. Media España -y medio PSOE- están ya bastante cabreados con ese interminable asunto catalán. No hay nada que se puedan ofrecer ahora mismo unos a otros. Y no hay nada que se pueda prometer para el futuro. No hay nada, pero hablan.