15 de diciembre de 2019
15.12.2019

Pelada, Bocinegro, Montaña Roja y abandono de las sismitas

Pateando el litoral de Granadilla de Abona, lo que más suele llamar la atención son las montañas de Pelada, Bocinegro y Roja, dibujando todas a lo lejos siluetas inconfundibles

14.12.2019 | 22:04
Pelada, Bocinegro, Montaña Roja y abandono de las sismitas

Pateando el litoral de Granadilla de Abona, lo que más suele llamar la atención son las montañas de Pelada, Bocinegro y Roja, dibujando todas a lo lejos siluetas inconfundibles, que no solo identifican al pueblo, hoy turístico, antes pescador, de El Médano, sino que destacan por disponer de materiales volcánicos muy diversos, además de formaciones sedimentarias de dunas y médanos, un gran sistema de circulación de arenas transportadas por las corrientes marinas y vientos de la zona, que aunque éstos puedan resultar molestos (a los usuarios de El Médano, no), son los que han contribuido a conformar un paisaje único en la isla de Tenerife.

Tras muchos años de incontroladas extracciones de áridos y arenas, usos urbanísticos excesivos y diversos atentados contra el medio natural, al mismo tiempo que de luchas por evitarlos, afortunadamente hoy estos lugares empiezan a estar protegidos como reservas naturales, y además de sus playas privilegiadas, disponen de llamativos acantilados que despiertan mucho interés y atención en los turistas y senderistas, lo que unido a la práctica de windsurf y kitesurf, han convertido El Médano en apetecible destino de un turismo deseoso de disfrutar de su tierra y su mar.

Toda una costa que bien merece su pateo para conocer su diversidad si se va provisto de adecuado calzado, protección solar, víveres y agua, y se está muy atento a la subida y bajada de la marea, todo un espectáculo natural y atrevido, donde, por no faltar, no faltan ni los bunkers y trincheras que se construyeron para defensa de la isla durante la Segunda Guerra Mundial, la misma que inspiró al profesor tinerfeño Leocadio Machado hace unos cien años para escribir su novela "El Loco de la Playa" (1925).

El edificio volcánico de Montaña Pelada tiene un cráter de varios kilómetros de diámetro, en lo más alto de uno de sus bordes se aprecian los restos de una trinchera militar, y a sus piés varias playas, como la de Pelada, y calas, como La Rajita. En Montaña Roja, de 171 metros de altura sobre el nivel del mar, resto de un volcán que se ha ido desmantelando parcialmente por la abrasión marina durante milenios de años y la acción continua del fuerte viento, las arenas se han ido acumulando en su base hasta formar una vistosa duna fósil, fruto de la transformación de la arena que con el tiempo el viento ha ido depositando, compactándola hasta formar una espesa capa endurecida.

Ni el viento ni las lluvias han podido acabar con Bocinegro y Montaña Roja, y, sin embargo, la mano y el pie humano, si no lo evitamos, pueden conseguirlo en poco tiempo. Invito al lector a que lo vea con sus propios ojos. Camine desde la playa Leocadio Machado en dirección a Montaña Roja, y verá a gente que, haciendo caso omiso a los letreros de que no penetre en un pequeño lago salado (formado tras la extracción de arena para la construcción), todo un santuario para las aves, se meten en él a pesar de que se trata de una Reserva Natural Especial.

Y si el amable lector sigue caminando, sus piés tropezarán con unas estructuras en forma de tubos o diques, muy raras en el mundo porque no suelen sobrevivir a la erosión del viento y la lluvia, un auténtico tesoro geológico, las 'sismitas', huellas fósiles del mayor terremoto conocido en la isla para unos, formadas para otros por animales litófagos, gusanos que van expulsando la arena para abrirse camino y hacer sus nidos, pero que, en cualquier caso, al no estar aislados de los senderos de paso, sufren golpes, posiblemente porque, al no existir paneles que informen de su enorme valor científico, hay quien las golpea como a un balón de fútbol.

Y si el lector se arriesga a sufrir tremendo impacto visual como el que me llevé hace unos días, dese un paseo por debajo de las viviendas bioclimáticas del ITER (Instituto Tecnológico y de Energías Renovables), próximas a la playa de Cuevas del Trigo, muy cerca del vacío puerto industrial de Granadilla, y verá, junto a aerogeneradores funcionando, restos de chatarra agresiva y oxidada que tiene toda la pinta de llevar abandonada muchos años.

stylename="070_TXT_Inf_01">jvicentegbethencourt@yahoo.es

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