07 de diciembre de 2019
07.12.2019

Las cabras y la geografía

07.12.2019 | 00:12
Wladimiro Rodríguez Brito

Cuesta entender lo que ocurre en nuestro campo. A la crisis de relevo generacional en las actividades agrarias, se unen las teorías urbanitas, que marcan facetas que ellos no practican, diciéndoles a los vecinos de Anaga y Teno que no sólo sufren el aislamiento y el olvido, ante las importaciones de productos agroganaderos que hasta hace unos años se producían aquí, ahora importamos hasta el carbón vegetal, poniendo reparos para las actividades agroforestales. Veamos el caso de las cabras, animales que han vivido en las islas desde hace dos mil años, es decir, son parte del territorio, de la economía en que la población tuvo una relación directa con las mismas, ya que de ellas obtenían parte de la alimentación, nunca en los últimos años habíamos tenido miles de cabras sin pastor en nuestros campos.

Las cabras y la geografía aprendieron a vivir en distintos medios con gran capacidad de adaptación: cumbres, costa, zonas húmedas, lugares de gran hostilidad, sin agua, ni vegetación, como es Jandía, el Julán, los Ajaches, etc., sobreviviendo separadas de los pastores hasta hace poco, las últimas cabras salvajes en la Caldera de Taburiente, en la década de los años cincuenta del siglo XX.

Ahora verdes y animalistas nos dicen que hemos de hacer y, lo que es peor, hablan del campo ignorando a los vecinos y a los ganaderos que viven en Anaga y Teno, y que sufren la agresión de miles de animales asilvestrados. Suspendan las batidas y establezcan las apañadas como alternativas. Sabiendo las limitaciones que tiene tal propuesta, ya que no hay pastores interesados, dado que dicha ganadería no produce rendimientos de leche, y por otro lado la mayor parte de este ganado son machos, ya que las hembras han sido diezmadas por la tetera (mastitis) al dejar de amamantar a los cabritos. Claro que la apañada debemos mantenerla como actividad sana, que fomenta una gestión más humana del territorio.

Medioambiente y campesinos requieren una intervención que no resuelven las apañadas, ya que los habitantes del lugar no pueden soportar los daños que hacen a los cultivos las cabras. La flora local sufre una agresión ante la presión de herbívoros.

En otro estado de cosas, los ganaderos locales, caso de Teno, sufren los daños que causan los machos asilvestrados al cubrir las cabras alterando época de cría y mejora ganadera de la explotación. El Cabildo y la responsable del medio ambiente, ha de entender que el interés general en estos momentos requiere una postura que armonice los intereses de los vecinos que viven en los espacios protegidos, que en este caso coinciden con el interés ambiental, dado la degradación de la flora unido al tema de Seguridad, como es el caso del Barranco de Masca con las cabras sueltas en las laderas que rodean dicho camino.

Demandamos pastores con actividades ganaderas, tanto en cortafuegos y barrancos, con un marco legal que fomente el pastoreo como actividad ambiental, que retire la vegetación en las proximidades de las zonas pobladas, qué decir de las tierras de antaño cultivadas entorno al monte hoy cubiertas de matorral.

El ganado guanil no es la alternativa, ya que deteriora tanto la vegetación natural como los cultivos. Es hora de fomentar el pastoreo como una actividad ambiental complementaria con la administración, retirando vegetación, que haga prevención para los incendios y obtengamos alimentos más sanos. Valga como ejemplo la política ganadera de Holanda, que hace que el pastoreo sea obligatorio el año 2020, asociando pastoreo con calidad de la leche y la salud de los animales, así como menor impacto medioambiental. Aquí hacemos legislación sobre animales de compañía y olvidamos o maltratamos a los ganaderos, que los tenemos "alegales", con casi todos los establos sin legalizar cargando de papeles y burocracia a los ganaderos, o marcando desde el ordenador como hemos de gestionar las cabras asilvestradas en Anaga o Teno.

La sostenibilidad en Canarias y en el mundo nos dice que hemos de oír y atender a los vecinos del lugar y en particular a los campesinos. Los alegatos de los urbanitas no deben ser las pautas que marquen la gestión de un medio degradado y en particular con los que viven alejados del campo tanto físico como sentimentalmente.

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