04 de diciembre de 2019
04.12.2019

La Laguna

04.12.2019 | 00:51
Luis Ortega

Veinte años después de su declaración como Patrimonio de la Humanidad, San Cristóbal de La Laguna no sólo mantiene los activos urbanísticos y arquitectónicos que le permitieron entrar en la lista de enclaves de rango mundial sino que, además, los ha convertido en herramientas de desarrollo y, hoy, es "una ciudad activa, comercial y divertida" -como la describió Pedro González, primer e inolvidable alcalde democrático, en nuestra última entrevista - frente a la languidez de otras poblaciones, pongamos que hablo de Santa Cruz.

El Día de los Santos Inocentes de 1987, el Pleno municipal lideró una vieja ilusión popular, sugerida incluso en la prensa de la época; y acordó por unanimidad solicitar a la UNESCO la declaración de Patrimonio Mundial para su casco urbano que, sobre su traza original, desarrolló una armónica sucesión de estilos artísticos en templos, conventos masculinos y femeninos de las principales órdenes católicas, palacios, casas solariegas y un conjunto dignísimo de arquitectura doméstica.

Durante siete largos años se elaboraron los estudios interdisciplinares, técnicos y artísticos que sustentaron la petición que, en 1995, hizo suya el Gobierno de Canarias. En 1999, con Ana María Oramas en la alcaldía, se cumplieron los últimos trámites y se ordenaron los argumentos que fueron determinantes para el organismo internacional de la cultura y que; básicamente, añadía a la pureza de la traza original y la belleza y lujo del casco, una valiosa singularidad: era la primera ciudad no fortificada de cuantas fundó España en ultramar; por su lejanía de la costa, no tenía fuertes ni artillería: era una urbe para la paz, para el comercio, para la cultura. Y fue, desde su fundación, fiel beneficiaria de esos usos y se ganó con creces los elogios de una literatura viajera de medio milenio; y para mayor, mérito, el patrón fijo de las poblaciones interiores del otro lado del Océano Atlántico.

La Laguna está unida por rango y por fama a otras catorce ciudades españolas que tienen, entre otras funciones, cuidar y mostrar sus valores monumentales. En ese carácter demandan y merecen la atención y apoyo de las instituciones supramunicipales para cumplirlas con eficacia.

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