04 de diciembre de 2019
04.12.2019

El Congreso se divierte

04.12.2019 | 00:51
Francisco Pomares

Sólo el barbudo Zamarrón estuvo ayer a la altura de las circunstancias: aprovechó sus minutos como presidente de la Mesa de Edad para pedir perdón a los españoles por la incapacidad de los partidos para ponerse de acuerdo. Zamarrón es un socialista exótico, un dinosaurio de buenas maneras y verbo florilegioso, que provoca siempre cierto estupor entre sus colegas (y los que tampoco lo son) por decir exactamente lo que piensa, algo que se aprecia bastante en una Cámara dónde todo el mundo calla y asiente al dictado de lo conveniado en los partidos, que casi nunca coincide con lo conveniente. Por eso, por decir lo que piensa, Zamarrón apenas dura unos minutos como máxima autoridad parlamentaria del país: deberían dejarlo fijo, y quizá nos sorprendería también diciendo lo que piensa de que un puñado de diputados independentistas prometan acatamiento a la Constitución, al tiempo que se ciscan verbalmente en el Estado, la Justicia y el diccionario.

Este pobre espectáculo de inicio de legislatura no ha hecho sino confirmar el estado caótico de la política española. Las incomprensibles negociaciones para ocupar los distintos puestos de la Mesa del Congreso han vuelto a demostrar que la política es -más que el arte de lo posible- el arte de la trágala: después de clamar durante semanas para imponer un 'cordón sanitario' a la ultraderecha voxciferante -tercer partido de la Cámara en número de diputados- el PSOE renunció ayer a atar el 'cordón' para poder asegurarse la vicepresidencia primera del Congreso. Los principios cotizan bajo en estos últimos tiempos.

El sainete de las fórmulas de acatamiento de la Constitución ha dejado algo malparada a la presidenta Meritxell Batet, exministra de Sánchez reconvertida ahora en tragasables del Congreso. Batet rechazó interrumpir los 'acatamientos' a la Constitución, aunque los diputados de Bildu lo hicieran prometiendo por la República vasca, los de Junts x Cat por la República catalana y los de ERC por la libertad de los presos (y las presas) políticos y hasta la constitución de la República catalana, por imperativo legal, o bien con lealtad al mandato democrático del 1 de octubre, por fidelidad al pueblo de Cataluña y por la vuelta de los exiliados.

Pablo Casado se revolvía en su escaño y al final no sólo reprochó a la Batet (ahora ya se puede decir 'La' Batet o 'la' Nancy Pelosy) que permitiera fórmulas de acatamiento a la Constitución como esas, y anunció la presentación de un recurso ante el Constitucional, iniciativa rápidamente apoyada por Santiago Abascal y por Inés Arrimadas, poco después de que sus partidarios -los de doña Inés y Abascal- hubieran discutido a mamporros por quedarse con los mejores asientos, un clásico de Vox al que en esta ocasión se apuntó el ciudadano De Guindos. Menos mal que los de Podemos estuvieron modositos. La mayoría de ellos acató la Constitución con un escueto y educado "Sí, prometo", y se sentaron todos donde les tocaba. Es lo que tiene verse ocupando pronto otros sillones.

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