09 de noviembre de 2019
09.11.2019

El Hierro: agricultura y cultura

08.11.2019 | 23:24
Wladimiro Rodríguez Brito

La agricultura es una actividad clave en el progreso de los pueblos, actividad que ha permitido pasar del nomadismo a la vida sedentaria. En el caso de El Hierro, su evolución ha consistido en sobrevivir con lo que produce la propia isla, aprovechando sus pocos recursos, ya que sus suelos son pobres, carece de manantiales, añadido a una pluviometría muy irregular, y finalmente su aislamiento.

Pese a ello, los habitantes de esta Isla han sabido gestionar el territorio y la cultura con una gran sabiduría, administrando los recursos y las actividades humanas de manera equilibrada. Existe, desde décadas, un equilibrio entre el mantenimiento del monte y las demandas de los vecinos (leña, aperos, forraje), entre las tierras para cultivar y las zonas protegidas.

Las relaciones con el exterior, en El Hierro, han tenido siempre una gran importancia, bien por el comercio de productos isleños -higos pasados, almendras, ganadería-, bien por la necesidad de emigración ante las carencias locales. Valga como referencia las viviendas con techo de colmo, ante la carencia de arcillas para fabricar tejas.

Los gestores del monte y los campesinos herreños. En época de miseria y ordeno y mando, Seprona e Icona instauraron una cultura con planteamientos conservacionistas, en la que los ganaderos eran considerados como enemigos de la naturaleza. Sin embargo, el responsable insular de este organismo, Zósimo Hernández, se pone de acuerdo con los campesinos, en un pacto no escrito con sus demandas diarias, para cortar un palo, para cortar el timón del arado, de tal manera que lo que ocurre en el resto del Archipiélago con medios represivos contra los campesinos aquí tuvo una lectura más humanizada, y en consecuencia tuvo menos incendios, y el monte se mantuvo mejor.

La Isla y el cambio climático. Desde El Hierro hasta California, cada día se plantea la actividad agraria como una manera no sólo de alimentarnos, sino de contaminar menos. Lo que ahora llamamos Kilómetro 0, que en Canarias significa dejar de importar 50 camiones frigoríficos de alimentos al día, es decir, 400 millones de kilos de alimentos.

Tenemos campos ociosos mientras se traen alimentos de fuera, generando huella de carbono, cuando cada día se plantea que la tenemos que reducir, debido a los problemas que genera la emisión a la atmósfera de los algo más de 100 millones de barriles mundiales de petróleo diario y otros combustibles contaminantes.

Lo que hemos visto estos días en California, ante el avance del fuego, pone en duda la eficiencia de una cultura basada en máquinas y en el maltrato por los usos del ayer de los pastores. Es decir, ¿cuántas pérdidas se habrían evitado si en California se hubiera hecho prevención, como retirar árboles muertos de los entornos de las viviendas y propiciar una actividad pastoril que mantenga limpias las proximidades de las zonas pobladas, con planteamientos de interés colectivo ante el individualismo imperante?

El Hierro es una isla vivible, a la que no le faltan elementos de identidad que valoren en positivo lo pequeño, lo local, dignificando una historia que ha cuidado los recursos escasos. Veamos las diapositivas de El Hierro hace 30 años, en las que calcosas, higueras y otros frutales han optimizado unos recursos muy limitados.

Ahora que hablamos mucho de cambio climático y kilómetro 0, hemos de mirar con orgullo y cariño lo que se ha hecho bien, aunque tengamos obras poco afortunadas, como la realizada en La Dehesa, con sorribas que deterioraron los suelos, o el canal al Verodal. Sin embargo, Gorona del Viento y las obras hidráulicas, la Cooperativa y los nuevos cultivos han sido cuestiones positivas.

Estos días se desarrollarán unas charlas promovidas por la juventud Lava Circular (Valverde 09/11/2019). Desde aquí mi enhorabuena por cuidar la cultura local, dignificando el ayer, que también es mañana.

La lectura que podemos hacer sobre El Hierro y su gente es la de una revalorización de un ayer, gestionando la naturaleza y las actividades humanas (cocina, folklore, deporte y naturaleza) de manera equilibrada. En una palabra, armonización del ayer y del hoy, de Valentina a los bailadores, de los vinos de calidad y los higos pasados a las fiestas y la lucha canaria.

Gracias, gracias.

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