03 de noviembre de 2019
03.11.2019

Y, ¿ahora qué?

02.11.2019 | 22:42
Susu

Cuando dejemos de escribir sobre el cansino proceso será porque ya no haya solución posible.

Cuando todos callemos, mal asunto, tal vez porque Catalunya esté intervenida; las calles tomadas por el ejército y las cárceles abarrotadas de gente. Algunos ciudadanos habrán muerto. Parece una película de guerra pero estamos más cerca de lo que creemos de ese escenario.

Recuerdo cuando insistía en que este asunto era muy delicado y todos me decían que no era nada grave, que se pasaría. Cuando me preguntaban por los políticos catalanes yo respondía sin dudas que acabarían en la cárcel. Siempre supe que aunque dijeran lo contrario con el Estado no se juega.

Los líderes independentistas jugaron, y perdieron. Y aunque se hagan los héroes, digan lo que digan nada les compensará la cárcel.

Y, ¿ahora qué?

Soy de esas que no pierde la esperanza hasta el final.

Durante unos meses he creído en una posible reconciliación. De hecho parecía que todo estaba más tranquilo.

Eso fue antes de ver cómo cientos de jóvenes quemaban las calles de mi ciudad. Entonces se me rompieron todos los esquemas. Si los jóvenes son capaces de comportarse así y culpar de su conducta a los demás el asunto adquiere una nueva dimensión. Muchos han sido detenidos. Sus padres estarán destrozados. El odio y la rabia se van apoderando poco a poco de la población. Todos tenemos más motivos para estar enfadados.

Hace unos días se produjo una manifestación de padres y profesores con el eslogan: No toquéis a nuestros jóvenes.

¿Quién les metió esas ideas en la cabeza? Todos esos mantras independentistas ; policía fascista. España, estado fascista. Prensa española manipuladora. Els carrers serán sempre nostres. Justo aquellos que ahora piden que les saquen de la cárcel. Todo esto es peligroso pero seguimos jugando.

Algunos dicen que Catalunya está venciendo al fascismo. Aunque yo creo que el fascismo es otra cosa bien distinta. Si se vieran desde arriba tal vez se sorprenderían al observar que para ello están utilizando métodos fascistas. Y los que estamos dentro sólo vemos sinrazón.

Críticas a la policía

Parece ser que en la soñada República Catalana la policía sería más parecida a un grupo Hare krishna entonando mantras y repartiendo florecillas silvestres por las calles.

La realidad es que la policía no puede hacer lo que le venga en gana, hay unos protocolos que deben respetarse pero llegado el caso puede hacer daño. Tiene legitimidad para cargar contra un grupo cuando este opone resistencia. A mí me lo enseñaron de pequeña y no se me ocurre plantarle cara a un policía. Cuando las cosas se ponen feas son ellos los que dan la cara. Me limito a respetar su trabajo y a entender que son personas como nosotros.

Desde el independentismo se insiste en que los incendios de Barcelona los provocaron infiltrados pero los vecinos del centro de Barcelona vimos a esos jóvenes. Lo vivimos en vivo y en directo.

Aún así hay un cacao importante respecto a quién tiró la primera piedra porque según el independentismo, tanto el pacífico como el más violento, la violencia la empezó el Estado el 1 de Octubre. Así que todo lo sucedido desde entonces es justificable. Siempre encontrarán la manera de justificarlo todo porque su fin es lograr el peor escenario posible para poder tener razones de peso para romper con el Estado y constituir su ansiada República Catalana. Pero todos sabemos que así no se hacen las cosas.

Las sentencias han sido el pistoletazo necesario para declarar abiertamente la guerra al Estado y tirar el primer adoquín o crear las primeras barricadas.

Todos quieren tener la razón pero la razón de poco sirve cuando la vida peligra. Nadie en su sano juicio quiere violencia pero empezaron a justificarla.

Cortan carreteras, incendian las calles, cierran la universidad, impiden la entrada a clase de alumnos que no comulgan con sus ideas pero todo lo hacen en defensa de La Democracia así que no ven que atentan contra la libertad de miles de ciudadanos que piensan distinto, o exentos a la política que sólo quieren vivir en paz.

Hoy vuelo a México y siento una especie de alivio al sobrevolar el Atlántico Norte porque necesito con urgencia tomar algo de distancia. Me niego a normalizar lo que está sucediendo.

Siento por Barcelona una pena parecida a la que se siente por esas mujeres hermosas que envejecen mal y a destiempo.

La ciudad que yo un día llegué a conocer, abierta y cosmopolita, ha desaparecido.

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