10 de octubre de 2019
10.10.2019

Diálogo de barra de bar

10.10.2019 | 02:34
Olga Seco

Tenemos que convencernos de muchas cosas: una sociedad que sin ingenuidad se relaciona segmentando, pone en vigencia todos los días la palabra rechazo.

¡Qué de personas maravillosas nos perdemos por tener presente su religión, su ideología política, su posición social, su condición sexual y así un largo etcétera!

Por encima de cualquier cosa están las personas, pero claro, no siempre lo vemos así. Hace pocos días, teniendo un diálogo de barra de bar con unos conocidos, me quedé flipada, (un poco más de lo que habitualmente estoy), uno de ellos, ni corto ni perezoso, me preguntó: "¿Tú eres del PP?" Tratando de coger el diálogo por algún sitio, venciendo la pereza del antidiálogo, le pregunté la razón de su pregunta y, después de un rato mareando la perdiz, me respondió: "te he visto varias veces con fulanito y menganita, y ellos lo son".

¿Qué puede responder una persona a semejante pregunta?

Lo bonito de vivir es arriesgar, resistir los embates de la vida, junto a amigos y familiares. Lo que menos me preocupa a la hora de relacionarme es de qué partido político son unos u otros. Prefiero ver personas, es mejor que ver siglas.

Es sorprendente ver cómo nos pasamos la vida etiquetando, lo hacemos con más entusiasmo que El Corte Inglés en época de rebajas. No vemos que así condenamos a muerte muchas relaciones interpersonales antes de haber nacido.

Acurrúquense por un momento del lado de la reflexión y piensen en la cantidad de personas que a diario rechazan...

La vida es el paseo cotidiano que hacemos cada día. A la sombra del rechazo, no se levanta el erguido árbol de la tolerancia; en la blancura velada de la mortaja todos somos iguales. ¿Entonces?

¿Ustedes conocen algún cementerio en el que entierren a las personas divididas por ideologías políticas, religiones, posición social, condición sexual? La muerte da señales de cansancio: ¿para qué llegar más agotados?

La mejor manera de comprender la semejanza es contemplar a un niño abrazando su imagen en un espejo. La semejanza azuza el cariño, el amor y por supuesto el respeto.

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