22 de septiembre de 2019
22.09.2019
MANUAL DE OBJECIONES

Retrato en blanco y negro

22.09.2019 | 00:12
Jorge Bethencourt

Existe la percepción de que es la política la que soluciona el gran problema de la pobreza, pero es falso. Lo que erradica la pobreza es el desarrollo económico. Si uno echa un vistazo al mapa del mundo y a la historia reciente lo puede comprobar con facilidad. O si se molesta en mirar la geografía social de España para ver que las comunidades donde existe mayor prosperidad se corresponden con las economías más poderosas.

Esta semana pasada han salido datos esclarecedores del INE sobre los costos laborales en nuestro país. Los territorios en donde son mayores, el País Vasco o Navarra, se corresponden con los mejores indicadores sociales. Y aquellas zonas donde son menores --casi mi euros menos-- como Canarias, Extremadura o Andalucía, coinciden con las mayores bolsas de precariedad. Parece que los mayores salarios no solo no evitan la competitividad sino que fomentan el desarollo.

En cambio, las últimas cifras nos retratan que en las Islas Canarias tenemos seiscientas mil personas al borde de la exclusión social y casi trescientas mil adentrándose en la oscuridad de la pobreza severa. No puede haber mucha sorpresa. Tenemos más de cuarenta mil pensiones no contributivas: es decir, personas que sobreviven con apenas cuatrocientos euros mensuales. Y más de doscientos mil parados, que en su gran mayoría son de larga duración y apenas perciben ingresos. Y estamos a la cola de España en el nivel de salarios --empleos de baja cualificación-- lo que ha creado un importante precariado laboral: gente que trabaja y sigue siendo pobre. Bajas pensiones, parados, sueldos bajos... Con esos datos, ¿qué otra foto esperamos sino una sociedad en blanco y negro?

La política puede actuar como las unidades de cuidados paleativos, auxiliando a las personas más vulnerables. Pero las ayudas no sacan a nadie de la pobreza. Lo que mejora tus expectativas de futuro no es que te den un pescado, sino una caña. La riqueza predistributiva no funciona bien en las islas. Y para la otra, para la redistributiva --la que gasta los impuestos que se recaudan-- es necesaria una economía que funcione.

Nuestro archipiélago decidió convertirse, hace ya algunos años, en un territorio subsidiado. Vivimos de ayudas y subvenciones. Hemos desarrollado una próspera ingeniería pedigüeña incorporando al lenguaje conceptos tan sofisticados como la ultraperiferia, la lejanía y los costos de la insularidad, que han fabricado un constructo singular, basado en leyes y reglamentos, en donde básicamente nos hemos convertido en mantenidos. Pudimos apostar por los puertos francos, las libertades comerciales y fiscales y la posibilidad de vivir de nuestro propio talento. Pero no lo hicimos. Nos prometieron un dulce colchón de ayudas y nos enchufaron una manguera de fondos europeos que nos llenó de hormigón, piche e infraestructuras de primer orden. Pero todo es un decorado de cartón piedra que encubre nuestra fragilidad y dependencia.

El actual Gobierno de Canarias se está desayunado con la cruda realidad de que tiene que hacer un presupuesto con los ojos vendados, como corresponde de quien no depende de sí mismo, sino de terceros. No sabe el dinero que nos va a llegar de lo que se nos debe por el Estado y ni siquiera el que debería venir de lo que nos corresponde. Saben que el 2020 va a ser un año horrible, en donde el PIB de Canarias va a caer de forma estrepitosa, por la merma de la venta de servicios turísticos. Vamos a perder recaudación propia al tiempo en que se pone muy negro que nos puedan llegar no solo fondos extraordinarios de Madrid, sino las transferencias esenciales que nos permitan mantener la integridad de los servicios públicos.

Ninguna economía es un compartimento estanco. Todos dependemos en cierta medida de todos. Y todos somos vulnerables a un incremento de los precios del petróleo o una recesión económica en Alemania. Pero nosotros lo somos muchísimo más. Somos yonquis de los presupuestos del Estado y de los fondos europeos. Eso y la venta de servicios turísticos conforman las claves de bóveda de nuestro modo de vida.

Un tercio de la población ha seguido en la pobreza en estas islas incluso cuando nuestro sector de mayor éxito ha alcanzado su mayor techo histórico, nuestro PIB ha superado los cuarenta mil millones y nuestros presupuestos públicos han sido los mayores de la historia. Les invito al sombrío pensamiento de imaginar cómo les irá a esa gente cuando a todos nos vaya mal.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook