La desaceleración actual de la economía es un hecho incontestable y los países de la UE, al menos los de mayor pujanza económica, estudian introducir estímulos para detener esta peligrosa inercia hacia el incremento del desempleo y el déficit público.

Ante la falta de disponibilidad presupuestaria de Alemania o Francia, sólo se plantean estímulos fiscales y mayor inversión pública. Ni de lejos se plantean romper el sacrosanto equilibrio entre los ingresos y los gastos.

Se trata de reducir gasto público ineficiente a cambio de incrementos en la actividad económica y el empleo que permitan, a su vez, un reequilibrio de las cuentas públicas por la vía de estimular intensamente los sectores sensibles que garanticen un quid procuo presupuestario.

No consiste en incrementar el déficit alemán o francés para que su exceso de gasto público sostenga el déficit del resto de la UE, sino que todos aportemos al equilibrio de la economía y el empleo con inversión y estímulos, lo que permitirá que volvamos a crecer juntos, todas la regiones, por la vía de la competitividad, la eficiencia y la igualdad de oportunidades.

Tal vez solo pondría un pero en este proceder, que debería llevar aparejada la iniciativa para incrementar los flujos de inversión, conocimiento y comercio entre todos los países de la UE, e incrementaría el atractivo de Europa como destino de la inversión global, pues las oportunidades no solo se dan en los países o empresas tenedores de recursos financieros excedentes. Toda Europa es una oportunidad.

Para eso tenemos moneda única, hemos levantado fronteras interiores, aprobado presupuesto con aportaciones proporcionales de todos los socios europeos, así como unas directrices de ayudas únicas y solidarias.

Si pierdes una oportunidad cada día, aumentas exponencialmente el riesgo de no cumplir con las expectativas de familias y empresas.

*Vicepresidente del Consorcio de la Zona Especial Canaria (ZEC)