14 de agosto de 2019
14.08.2019
MANUAL DE OBJECIONES

Casinos: no va más

14.08.2019 | 01:24
Jorge Bethencourt

Hace ya algunas décadas, el Cabildo de Tenerife se hizo con la propiedad de los casinos de la Isla. Una decisión tan incomprensible como inevitable. ¿Y qué razones se dieron para hacerlo? Pues se trataba de evitar que a nuestras islas llegara la mafia del juego que siempre atrae gente peligrosa. Y que los beneficios que producen los casinos acabaran en los bolsillos públicos.

Los argumentos que ofreció Coalición Canaria eran bastante frágiles. Aplicando las mismas razones todo el sector turístico tendría que ser público. Pero en aquel entonces el Cabildo se consideraba el motor estratégico de la Isla y lo mismo montaba una bodega insular pública que una fábrica de quesos, que importaba cemento o piensos. Aunque terminara tocando las yemas y las claras de una gran parte del empresariado privado.

La gestión pública de asuntos que se mueven en el mercado nos ha dejado sonoros fracasos. Lo vimos con las cajas de ahorro, administradas por partidos políticos, sindicatos y patronales, que acabaron arruinadas y con un agujero de miles de millones de euros. Y a pequeña escala lo hemos visto en el propio Cabildo, donde empresas agrarias han terminado con sonoros estampidos a pesar de haberles inyectado en recursos lo que no está escrito.

Zapatero a tus zapatos, dice la vieja frase. El Cabildo ha hecho una labor muy meritoria -por no decir impagable- en el terreno de la promoción y mejora de los quesos y vinos de la Isla, entre otros asuntos propios de la iniciativa privada. Pero las intromisiones en ese mundo tendrían que haber sido puntuales en el tiempo. El error no fue intervenir, sino quedarse en un mercado donde actuaban como una competencia desleal para el resto de los sectores.

El Cabildo, con Carlos Alonso a la cabeza, intentó quitarse de encima el pufo de los casinos a través de un concurso de venta público, porque el único que daba perras era el de Las Américas. Pero pidieron demasiado dinero y el proceso se alargó tanto que ha terminado en las manos del nuevo equipo de gobierno, donde ahora se dice que existen visiones diferentes del asunto.

El PSOE también gobernaba cuando se inició el proceso de venta. Es verdad que no lo celebró con voladores, pero no hubo cisma. Y por parte de los dos tránsfugas de Ciudadanos, los pronunciamientos de Enrique Arriaga en la campaña electoral fueron muy terminantes: acabar con los chiringuitos y liquidar las empresas insulares como las bodegas o los casinos, que le hacen competencia desleal a la empresa privada. O sea que la única objeción podría venir por parte de Podemos, que es un partido proclive a que todo sea público.

La privatización de los casinos no será problema. Casi todos están de acuerdo en quitarse ese mochuelo de encima. Pero hay otras empresas públicas, que no pierden dinero. Esas que Arriaga llamaba chiringuitos. ¿Y qué va a pasar con ellas? Pues nada. En la oposición se suelen decir muchas tonterías. Pero luego, ya en el Gobierno, se te pasan.

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