13 de agosto de 2019
13.08.2019

¿Quién sabe?

13.08.2019 | 00:51
Juan José Millás

La existencia consiste en una sucesión de adioses y de encuentros. Te despides del útero para ingresar en el mundo; de la infancia para entrar en la adolescencia; de la adolescencia para instalarte en la juventud? Y así de forma sucesiva hasta que te despides de ti mismo para abrazar la tierra. Como resumen, vale, pero le faltan los matices, pues no se trata, en ningún caso, de un recorrido lineal. A veces, en la juventud, actúas como un viejo y en la vejez como un adolescente. Todas las edades mencionadas se van acumulando para luego mezclarse y confundirse (y confundirte). Lo cierto es que solo hacia el final se alcanza a comprender que esto de la vida iba fundamentalmente de un malentendido o de un rosario de malentendidos. Hay personas excepcionales que parecen comprenderlo todo desde el colegio, pero se cuentan con los dedos de una mano y quizá sean el producto de una reencarnación. No sabemos nada.

Asistí a una conferencia de un tipo que recordaba vidas pasadas. Había sido sucesivamente griego y romano y vikingo y francés? Sin embargo, no era capaz de hablar en ninguno de los idiomas de los que aseguraba proceder. Era un seductor que mentía bien. Nos explicó una técnica para conocer nuestras vidas pasadas. Tenías que cerrar los ojos e imaginar que, liberado de la fuerza de la gravedad, ascendías y ascendías y ascendías. Una vez a la altura de las nubes, te dejabas llevar por el viento hasta que perdías la noción de sobre qué país o época te encontrabas. En ese instante, comenzabas a descender lentamente. Cuando tocabas tierra, debías mirar a tu alrededor. Si veías, por poner un ejemplo, una granja medieval, te hallabas evidentemente en la Edad Media. Ahora solo te faltaba averiguar el lugar. Si era Holanda, por ejemplo, habías sido un holandés en aquella época remota.

El método no era muy científico, pero desde el punto de vista de la imaginación resultaba estimulante. Propuse el ejercicio a mis alumnos del taller de escritura, invitándoles a relatar por escrito esta experiencia imaginaria y salieron ejercicios por lo general disparatados, raros, pero de calidad literaria. El único problema es que hubo gente que empezó a creérselo, por lo que hube de suspenderlo. Ahora bien, ¿quién sabe?

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