03 de agosto de 2019
03.08.2019
GENTES Y ASUNTOS

Günter Grass

03.08.2019 | 00:20
Luis Ortega

Nunca explicó si la palabra impulsó al trazo o viceversa pero avanzó que dibujó "para representar lo que veía y, luego, llegaron las palabras". En 1999 fue premiado con el Nobel y el Príncipe de Asturias de literatura y, desde entonces, su segunda vocación se divulgó y aplaudió en distintas capitales europeas.

La otra mirada de Günter Grass (1927-2015) reunió un centenar de óleos, dibujos y grabados en una exposición abierta en el Espacio Cultural de CajaCanarias en la capital palmera desde el pasado mayo con el patrocinio del Cabildo y comisariada por Isabel Santos, directora de los museos Insulares. Junto al interés objetivo de la muestra -por la originalidad de los asuntos y el brioso procedimiento, más perceptible en los trabajos sobre papel- el pretexto perfecto fue el vínculo afectivo del artista con La Palma y, más en concreto, con Puntallana, donde pasó largas temporadas en la casa que tiene su hijo Raoul en el bello municipio norteño.

La dualidad vocacional de Grass tiene largo recorrido desde su juventud, cuando militó en las Juventudes Hitlerianas; fue herido y apresado por los norteamericanos en 1944 y, tras su liberación, trabajó en distintos oficios manuales hasta su ingreso en la Escuela de Bellas Artes en Düsseldorf y, después, en Berlín. Allí compartió los propósitos del expresionismo -la primera vanguardia histórica, junto al fauvismo francés- que persistía en la defensa de un lenguaje personal e intuitivo y que, desde la pintura de extendió a la literatura, música, danza, teatro, fotografía, cine y arquitectura.

Iniciado en las corrientes poética y dramática en la década de los cincuenta, debutó con Búfalo, Inundación y Tío, tío e inmediatamente con El tambor de hojalata (1959), primera entrega de la reconocida Trilogía de Danzig, que lo situaría en la cumbre de la narrativa alemana. Paralelamente tuvo una activa participación política y compensó sus pecados juveniles con su firme vinculación con el Partido Socialdemócrata y, de modo amistoso, con su histórico líder Willy Brandt.

Al igual que las letras -El rodaballo (1977) es una de las mejores novelas europeas de la segunda mitad del siglo XX- la plástica de Grass recuerda con la seguridad del dibujo y la pincelada el estilo de su escritura, la perfecta fusión del dramatismo descriptivo y las evocaciones simbólicas.

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