03 de agosto de 2019
03.08.2019
A BABOR

Faltan 430 millones

03.08.2019 | 00:23
Francisco Pomares

El Consejo de Gobierno del pasado jueves constató que las cuentas no cuadran. No es que no cuadren para hacer frente a todos los proyectos sociales anunciados, es que ni siquiera cuadran para cumplir las previsiones realizadas por el Gobierno anterior. Hay un desfase entre lo previsto y lo que se espera recaudar, que supone 430 millones, más del cinco por ciento del Presupuesto. Según el Gobierno de Canarias, una parte de ese desfase -algo más de la mitad- es consecuencia de la parálisis política nacional, y de que no se hayan podido aprobar los presupuestos generales, lo que impide las entregas a cuenta a cargo del sistema de financiación autonómica. Se trata de 230 millones que no llegarán este año, porque es difícil que -se confirme la continuidad de Sánchez o haya nuevas elecciones- se lleguen a aprobar los presupuestos de 2019. El Estado se ahorrará por ese concepto nada menos que 6.000 millones, pero el asunto es pura cosmética: la reducción del déficit que suponga el mantener en el Tesoro Nacional esos dineros, se descompensa con el agujero de déficit que tendrán las regiones. Además, para agravar el asunto, Canarias no va a cumplir sus previsiones recaudatorias: el motivo principal es el enfriamiento económico, que aquí nos hemos negado a creer, a pesar de los indicios, sobre todo en el turismo.

El Gobierno actual -como hacen todos los gobiernos que llegan- culpa al anterior de la situación creada por las reducciones de impuestos, pero no se plantea aumentarlos (ejem) sino recuperar los tipos impositivos anteriores, lo que en román paladín (nunca mejor dicho) significa que se subirá el IGIC al 7 por ciento, desaparecerán o se reducirán las exenciones por Sucesiones y Donaciones (por cierto, una verdadera diarrea de donaciones registradas estos últimos quince días para adelantarse a la decisión), y también las del impuesto sobre transmisiones patrimoniales y las reducciones en el tramo autonómico del IRPF. Con todo eso, el Gobierno espera disponer de lo suficiente para que no se produzca la intervención de las cuentas por parte de los hombres de negro del ministerio de Hacienda.

Pero no se llega, nos digan lo que nos digan: suponiendo que las medidas comiencen a aplicarse mañana -algo improbable-, en lo que queda de año podrían recaudarse algo menos de cien millones, pero faltarían 320, suficiente para disparar el déficit por encima del cuatro por ciento, excepto que se decida contener el gasto. Y este Gobierno prometió gastar más: más para luchar contra la pobreza y contra la desigualdad, más para políticas sociales, para renta básica, para Educación y Sanidad, para complementar las pensiones no contributivas, para políticas de empleo y de vivienda?

La mayoría de los gobiernos nuevos descubren más temprano que tarde el reverso oscuro de las promesas. Este parece haberse dado de bruces con lo que hay.

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