30 de julio de 2019
30.07.2019

Pedro Sánchez guapo, banal y aburrido

30.07.2019 | 00:24
José María Lizundia

La crisis de la socialdemocracia en cuanto ideología política proviene de las condiciones objetivas de producción y distribución determinadas por novedosos factores de trabajo y capital, junto al desarrollo desigual de la fuerzas productivas (decisiva dimensión intercontinental), dicho todo ello en términos marxistas. Más una revolución tecnológica de caballo. El mundo simplificado y eurocéntrico, distraído con la productividad como condición básica para la circulación de mercancías y una competencia extrema global, va siendo borrado. Aunque como Europa vive de inercias, rebufos, estelas, vestigios, herencias aún no lo perciba. El inconsciente colectivo ha macerado la civilidad, tolerancia, seguridad que proporcionaba el ser (nosotros) los más altos, guapos y rubios durante siglos, además de educados y humanistas. Esa situación tan halagüeña por fuerza habíamos de proyectarla para ejemplo e imitación del mundo. La política internacional europea ha recaído básicamente en posar, en un hecho sin precedentes por artístico, ya que lo que procede es la mímesis del modelo y la aceptación de nuestra benévola actitud evangélica (servir de ejemplo): un bodegón de buenos colegios, mejores geriátricos y fabulosos museos de arte clásico, junto a una sonrisa humanista. Tutelado por una casta sacerdotal: la tropa de activistas ideologizados, muy científicos, preparados y enchufados en cuestiones identitarias, emboscados en chiringuitos de colegas con cargo al contribuyente. La izquierda de los sillones acuciantes y ansiados (generadores del gran desespero) es incapaz de desenvolverse con la mundialización cuando el poder del Estado se va socavando y la "economía/mundo" imprime una movilidad extenuante con su policentrismo. Aquí, más domésticos, nuestras espadas: la reforma laboral y los recortes. Vida de barrio. El cortoplacismo no es un estado mental transitorio, sino una inexcusable actitud para no desaprovechar las posibilidades, dado la nula competencia, para hacerse político; la historia, confío, consignará sus currículos para la posteridad. Ante la magnitud del desafío la socialdemocracia aprovecha todos los dispositivos tecnológicos, para crear marcos emocionales de comunicación y nulo debate. Los representantes de la izquierda hace mucho, que disfrutando la LOGSE, se solazaron en la horizontalidad muelle de la ignorancia, que arrancaba cualquier hierbajo de excelencia; expulsados de todo debate racional por la falta de preparación y sustancia, la política ha sido reemplazada por la psicología. Por el boceto de personalidades en el límite. Faltan los análisis realmente de fondo, que hagan posible la objetividad. Sea: el doctor Sánchez es guapo, banal y aburrido, falsario, fatuo, egocéntrico, aprovechado, maniobrero, sin superyó, insacible de honores y rango, mediocre; en definitiva, pura máscara sin expresividad, solo rictus mecánicos.

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