29 de julio de 2019
29.07.2019
A BABOR

Saber perder

29.07.2019 | 00:33
Francisco Pomares

Se queja el profesor García, en un reciente comentario suyo en Face, que titula "Los jefecillos peninsulares", de que "los periódicos que se publican en Canarias" son siervos de una supuesta aversión al nacionalismo canario. Lo más sorprendente es que el mismo articulillo y lo que dice en él, con la excepción -por supuesto- de su arriesgada denuncia en redes a los medios locales, fue publicado el día después de colgarlo en su muro, y en formato de declaraciones, por este mismo periódico. No es el único que ofrece al ser García sus páginas para explicar cada tanto y poco, que si esta región es lo que es, es por culpa de los "jefecillos de fuera".

En realidad, el presidente del PNC anda bastante enfadado con el mundo, porque con la pérdida de poder de Coalición Canaria, partido del que el PNC ha entrado y salido como un gusano de un queso de gruyere, el hombre se ha quedado bastante descolgado de todo, empezando de esa decorativa canonjía que -durante las últimas legislaturas- fue la viceconsejería de Cultura. Es por eso, quizá, por lo que saca ahora el profesor del baúl de sus reflexiones más aguerridas no sólo el ejemplo de Secundino y Cubillo, inspiradores ambos de su nacionalismo atlántico fronterizo, y de esa idea sobre la coloniedad, neologismo hiperbólico probablemente deudor de algunas molestias recidivantes del intestino grueso, propias de personas de provecta edad. La verdad es que no entiendo al profesor García, repartidor universal de prestigios y conmilitón tradicional de lo más granado de nuestra intelectualidad jamonera. No entiendo que sea capaz de conciliar durante años sus silencios acerca de ese "nacionalismo de baja intensidad que practica Coalición Canaria", con estas calculadas explosiones de lirismo posderrota sobre la peligrosidad del nacionalismo canario, "el más peligroso del Estado español, porque mañana podemos acudir a Naciones Unidas y reclamar nuestro estatus de pueblo descolonizado, lo que no pueden invocar ni vascos, ni catalanes ni gallegos". Vaya, vaya: no entiendo su satisfacción por la presunta peligrosidad de este nacionalismo nuestro tan constitucional que se parece más al regionalismo cántabro o navarro que al nacionalismo catalán o vasco, ni se me ocurre imaginar quién puede estar pensando ahora en acudir a reclamar a la ONU, excepto el profesor despechado. Y sobre todo: no entiendo que un tipo de setenta años siga obsesionado con la estirpe, con su propio apellido compuesto de godo montonero y su patético rol en la Historia de esta tierra. Recuerdo las penúltimas declaraciones suyas: "Moriré luchando por ver algún día a Canarias convertida en un estado adulto, dialogando con otros estados del mundo". Vaya esfuerzo, el tío. Mientras él sigue luchando hasta la muerte por ingesta de serrano, esta región ha cambiado tanto que sería inútil buscar en su ADN político vestigios de ese independentismo utilitario con el que el hombre amenaza cada vez que él o su partido se quedan fuera de la confortable comodidad del presupuesto. Lo que tiene el profesor García es un ataque de ansiedad: no sabe perder.

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