Todo acusado tiene derecho a la defensa. Está en la base de nuestro sistema legal. Los abogados no tienen que defender inocentes, sino a sus clientes; que si lo son, tanto mejor. Y tienen el deber -y el derecho- de trabajar para conseguir lo mejor para ellos. El abogado 'de la manada' -llamarlo así ya es de hecho una condena implícita- arrastra por lo visto el estigma irreparable de las culpas de sus repugnantes clientes. Agustín Martínez Becerra fue excluido de una conferencia por decisión del rector de la Universidad de Cádiz en aplicación de una justicia mediática tan rápida como repugnante. Nadie en España, hasta ahora, había condenado a un abogado por defender asesinos etarras, violadores o pederastas. Pero el postureo mediático está consiguiendo algo tan asombroso como estigmatizar a los letrados con las culpas de sus defendidos. Algo está funcionando rematadamente mal en un país en donde se vuelve normal confundir el culo con las témporas.