09 de julio de 2019
09.07.2019

Nuestras historias locales

09.07.2019 | 00:37
Jerónimo González Yanes *

En numerosas ocasiones visitamos lugares que sin desmerecer su historia, tradición, costumbres y belleza, vemos cómo aprovechan ciertas vinculaciones de personajes históricos con el lugar, para promocionar el pueblo o ciudad que ha tenido la genial idea de destacarlo, aspecto que por otra parte es loable y digno de aplauso. Sin embargo, otros sitios con hechos e hitos históricos de especial relevancia, vemos como pasan sigilosamente o apenas se citan en nuestras historias locales.

A modo de comparativa, citaré dos ejemplos: uno, Buitrago de Lozoya, municipio de unos 4.300 habitantes, situado al norte de la Comunidad de Madrid, cuyas referencias históricas datan de la época de los romanos en el Siglo I, pero que aparece de lleno durante la Reconquista, en el Siglo XI, bajo el reinado de Alfonso VI. Este municipio, aparte de las ferias medievales que celebran anualmente y otras fiestas tradicionales de todos los lugares españoles, tiene un famoso museo por el cual ha sido noticia en los últimos años y que recibe muchas visitas dada su peculiaridad, se trata del Museo del Barbero de Picasso.

Este museo se fundo con los fondos aportados por Eugenio Arias Herranz, barbero del pintor que hizo amistad con el creador del cubismo en el sur de Francia durante su época de exilio, pues cuando acudía a su peluquería establecían tertulias sobre la ideología común. Al morir donó todas aquellas litografías, retratos, dibujos, cerámicas y aguadas, que fue coleccionando de los regalos que le hacía Picasso, así como tijeras, maquinillas y otros utensilios propios de un peluquero. La condición para donarlos fue que se instalará en su municipio natal. Una historia sencilla, pero que aprovecha la aureola del famoso autor del polémico Guernica, del que diferentes fuentes dicen que fue pintado como homenaje a la muerte de un torero, por las imágenes representadas en dicha pintura, en lugar de bombas, niños muertos, casas derruidas u otras barbaridades de un bombardeo a una población civil e indefensa, pero ese es otro tema,

El otro ejemplo, cercano y en nuestra Isla, pero quizás con mayor carga de historia y menor conocimiento del mismo por propios y foráneos, se trata de La Matanza de Acentejo. En dicho municipio se me ocurren, así de pronto, tres hitos que ya quisieran disponer otros municipios canarios para su promoción histórica, sin embargo apenas se conocen. Y seguro que existen más ejemplos en Tenerife. Me explico.

El sitio donde tuvo lugar la Batalla de Acentejo o Matanza de Acentejo, de ahí su nombre, el barranco de Acentejo o de San Antonio, sobra citar su importancia al derrotar en 1494 al -en aquel momento- todopoderoso ejército conquistador de Alonso Fernández de Lugo, que si bien el lugar goza de calificación como Sitio Histórico, no tiene la presentación y relevancia histórica que el lugar requiere, de cara al conocimiento de nuestros visitantes, nacionales y extranjeros. Eso en otro lugar estaría mejor publicitado desde el punto de vista etnográfico y divulgativo, para el mejor conocimiento de la zona, la Isla y de la conquista de Canarias en general.

Otra institución recuperable es la Casa Hospicio de San Juan Evangelista, cuyas instalaciones aún existen aunque desconozco si son públicas o privadas, pero que están en el mismo lugar y conservadas. Se trataba de un centro fundado en 1732 por los franciscanos, que a su vez era hospedería para peregrinos y transeúntes de viaje entre La Orotava y La Laguna que hacían noche allí, también albergaba religiosos para asistir a los parroquianos en la instrucción religiosa, enseñanza de las primeras letras y cátedra de latinidad. Fue cerrada por la política regalista y secularizadora de Carlos III; para asegurar la superioridad del poder real respecto al Papa, pero que centrándonos en el asunto de fondo, sus instalaciones son dignas de promoción y divulgación por la importancia histórica que tuvo.

Por último, y seguro que existen más hitos en ese municipio, el famoso personaje nacido en La Matanza, al que el propio Rey Felipe V le llamaba "mi padre", pues durante la Batalla de Villaviciosa de Tajuña -Guerra de Sucesión- salvo la vida al monarca al cambiarle de caballo. Hablamos de Antonio Benavides y Molina (1670-1678), que fue Teniente General de los Reales Ejércitos de España, gobernador de La Florida y Veracruz, así como gobernador y Capitán General de Yucatán, además de gobernador de Manila. Es verdad que tiene una calle angosta y de poco transito en ese municipio, pero con el pequeño esbozo de su trayectoria creo que debería tener algo más, como un museo, una plaza, placa conmemorativa en la casa natal y busto en el ayuntamiento del pueblo? en fin, que menos, si comparamos con el ejemplo del Museo del Barbero de Picasso, creo que como mínimo algo similar. Muchas veces no valoramos lo que tenemos y, mucho menos, lo damos a conocer.

* Abogado y periodista

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