08 de julio de 2019
08.07.2019

Vox se pierde en la traducción

08.07.2019 | 01:04
Matías Vallés

Los resultados de Vox son espectaculares, si se considera que le ha partido las piernas al PP en menos de un año. La ultraderecha moderada se queda sin embargo por debajo de las expectativas alumbradas el dos de diciembre en Andalucía. Las encuestas confirman un estancamiento que lesiona fatalmente a los populares, pero sin reflejarse en un sorpasso. En la encrucijada, las tropas radicales han de resignarse a franquicia de la derecha clásica, una denominación tentadora para una fuerza neofranquista. Confían asimismo en contaminar a Ciudadanos, han descartado el aislamiento purificador.

¿Por qué Vox se ha beneficiado de la desgraciada trayectoria del PP, pero sin doblarle el pulso? Como siempre que se habla de ultraderecha, hay que remitirse a Steve Bannon, el creador del presidente Donald Trump. El ideólogo del populismo planetario pretende implantar en España los principios libertarios. A saber, el Estado no solo es incapaz de resolver los problemas, sino que se erige en el principal problema. A partir de aquí se propone la desprotección de los trabajadores, aligerando las pensiones y liberalizando los despidos. Todo lo contrario del paternalismo gallináceo implantado por Franco para sofocar a su levantiscos súbditos.

Vox se pierde en la traducción. José Antonio se lamenta de su escasa penetración entre las clases trabajadoras, cuando propugna un fascismo obrero que arrulle a los trabajadores a cambio de amortajar las libertades. Bannon es el típico personaje de Ayn Rand, convencido de la preponderancia del individuo contra los mecanismos de protección de los débiles, que no merecen sobrevivir en un mundo despiadado. En cambio, las huestes neofranquistas reclaman una prolongación de la siesta, mecidos por el Estado. Además de que Santiago Abascal no es el hombre. En cambio, Cayetana Álvarez de Toledo es la mujer.

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