02 de julio de 2019
02.07.2019
A BABOR

A pan y agua

02.07.2019 | 00:41
Francisco Pomares

Mientras Ángel Víctor Torres cierra a velocidad de crucero los acuerdos previos a su investidura, a celebrar muy probablemente este 12 de julio, continúa el espectáculo nacional de las negociaciones entre Sánchez e Iglesias, cada día más cercanas al despropósito y la chulería. Sánchez juega de farol: amenaza con convocar elecciones en octubre, pero es -aún- sólo eso, una amenaza. Lo más probable es que fracase la primera sesión de investidura, y que Sánchez e Iglesias consigan ponerse de acuerdo en septiembre. La negativa de Albert Rivera a cualquier acercamiento con Sánchez facilita que Iglesias se suba a la parra. Nuestros políticos demuestran una vez más su absoluto desinterés o incapacidad para sacar al país del bloqueo político iniciado en 2015. Con presupuestos prorrogados, un Gobierno incapaz de gobernar, y un país atónito, lo que preocupa a Sus Señorías es lo que a ellos les toca. Pero a ellos este asunto del retraso no les provoca ningún conflicto. Las canonjías políticas de las que disfrutan no están vinculadas al hecho de que logren ponerse de acuerdo en lo más elemental que es montar un gobierno que pueda atender los asuntos del país.

Quizá habría que empezar a cambiar eso. Quizá habría que encerrar a sus señorías en el Parlamento y no dejarles salir hasta que se pusieran de acuerdo. Es el sistema infalible de la Iglesia católica: los cónclaves cardenalicios no se inventaron para evitar las influencias externas, como suele decirse, sino para obligar a los príncipes de la Iglesia a entenderse. El enclaustramiento de los electores del Papa es el resultado de las reiteradas situaciones de bloqueo. Después de algunos antecedentes de reclusión forzosa en Perugia y Roma, y tras la muerte del papa Clemente IV en 1268, los enfrentamientos en el colegio cardenalicio entre la facción francesa y la italiana, reunidas en Viterbo, dejaron sumida a la Iglesia en un periodo de sede vacante que se prolongó tres años. Después de tanto tiempo sin acuerdo sobre la elección del nuevo pontífice, los desquiciados vecinos de la ciudad decidieron dejar de alimentar a los cardenales electores, los encerraron bajo llave, los sometieron a un régimen de pan y agua, y derrumbaron el techo del palacio episcopal para que pasaran frío y sufrieran la inclemencia de la lluvia. Los quince cardenales encerrados decidieron delegar en seis de ellos, que llegaron inmediatamente al acuerdo de elegir a un tal Teobaldo, un cruzado muy piadoso que se encontraba en San Juan de Acre y tardó un año en llegar a Roma, donde los cardenales descubrieron con pasmo que no era sacerdote, sino archidiácono. Ante la posibilidad de volver a ser encerrados a pan y agua, Teobaldo fue ordenado en menos de una semana y consagrado obispo de Roma la semana siguiente, con el nombre de Gregorio X. Que además, para los estándares de la época, fue un Papa estupendo y muy activo. Entre otras cosas, estableció normas para reducir las demoras tradicionales en el cónclave: los cardenales fueron siempre recluidos bajo llave, tenían que dormir en aposentos comunitarios, disponían apenas de un sirviente, se les suministraba una única comida frugal y -a partir del quinto día- sólo pan y agua.

Pues eso. Hay que aprender de la Historia: encerrar a Sánchez, Iglesias, Rivera y los demás a pan y agua me parece excesivo, pero yo dejaría de pagar el sueldo al Gobierno y a los diputados hasta que se pongan de acuerdo. Porque los diputados cobran salario desde el primer día, se pongan de acuerdo o no. Y el Gobierno no deja de cobrar por estar en funciones. Nos ahorraríamos una pasta: en sueldos o en nuevas elecciones.

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