27 de junio de 2019
27.06.2019

Competitividad, ¿bueno o malo?

27.06.2019 | 01:23
Tamara de la Rosa

La gran pregunta: ¿ser competitivo es bueno o malo? Una vez oí que la competitividad era como el colesterol: por un lado está la buena y, por otro, la mala. La buena ayuda a mejorar a personas y a la sociedad, mientras que la mala nos empeora.

Son muchas las personas que sienten insatisfacción en cualquier ámbito de su vida (deporte, laboral, estudios, etc.) por culpa de la competitividad. Más que ir a trabajar, más que ir a entrenar, a estudiar, parece que entran en una guerra donde todo vale. Una comparación continua con el otro, no desde el prisma de conocer cómo lo ha hecho otra persona para mejorar y lograr estar en su posición, sino desde un prisma donde aparece la frustración y el sufrimiento porque en ese lugar está otro y no él. Es ahí donde empiezan las zancadillas, y si puede ser algún pisotón también, con tal de ganar o ser el mejor. Juego sucio, como lo llamo yo. En este sentido, me refiero a comportamientos destructivos que generan mal ambiente, donde la ansiedad y el estrés por la falta de civismo se convierten en habitual. Personas que, muchas veces por desconocimiento, por no haber aprendido otra forma de alcanzar el éxito e impulsadas únicamente por su ego, no son conscientes del flaco favor que se están haciendo. El éxito a cualquier precio tiene un precio muy alto.

Lo cierto es que la competitividad no tiene por qué ser negativa. El afán por ser el mejor, o el deseo por tener o lograr lo más valioso no tiene por qué ser necesariamente nocivo. Como todo en la vida, en su justa medida, la competitividad es buena, depende de cómo la entendamos y el significado que le demos.

En la educación, considero muy importante que, tanto los padres desde el hogar como entrenadores o profesores desde los colegios y centros deportivos, enseñen a los más pequeños la importancia de querer superarse, de ser mejor y lograr los objetivos. Enseñarle a competir para obtener buenos resultados, ser mejor persona y no tirar la toalla impidiendo desarrollar capacidades y talentos por el simple hecho de que otra persona lo haga mejor desde un principio o antes que ellos. Sin embargo, es cierto que existe una fina línea entre ese afán de superación y el hecho de caer en la frustración por querer ser siempre mejor que los demás y a veces no lograrlo. Por este motivo, no solo hay que educar para alcanzar el éxito, sino para gestionar el fracaso. Y es que triunfar significa aprender a fracasar.

1.- Dar lo mejor de ti y esforzarte por superarte cada día es una virtud, pero cuando pretendes mejorar destruyendo a quien tienes al lado es detestable. A todos nos agrada sentir que reconocen nuestro esfuerzo, pero se puede lograr el mismo resultado sin luchar de manera sucia contra tu rival.

2.- Deja de compararte. A la única persona que debes superar para que cada día sea mejor en cualquier ámbito es a ti mismo. Ahorra toda la energía que derrochas preguntándote porque otros sí y tú no e inviértela en preguntarte ¿Qué puedo hacer para mejorar? Aprovecha tu tiempo. De esta manera aumentará la probabilidad de alcanzar lo que deseas.

3.- Manteniendo una actitud de competitividad poco saludable nos quedaremos solos y recuerda que absolutamente todos necesitamos apoyo social en algún momento. Haz que no huyan de ti.

4.- Recuerda que lo que te afecta no es lo que te dicen o hacen, sino el significado que le das a eso que te dicen y te hacen. Si una persona tiene lo que tú quieres o está donde tú deseas, tienes dos maneras de interpretarlo. Desde el prisma de la envidia y la frustración, o desde el prisma de la motivación "¡ahí quiero estar yo!" Haz que tus emociones te ayuden a marcar el ritmo de tus avances.

5.- Que otros tengan cosas que tú deseas y no puedes tener no te hace mejor ni peor que ellos. Te hacen diferente. La aceptación es necesaria para la higiene mental. Hay cosas que se pueden cambiar y otras que tenemos que aceptar. Si no tienes la altura que te gustaría tener no significa que no seas una persona válida, más que nada porque no solo eres una medida. Debemos aprender que hay cosas que no pueden cambiar y no pasa nada por ello.

www.tamaradelarosapsicologa.es

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