20 de junio de 2019
20.06.2019
A BABOR

De la extispicina y otras mancias

20.06.2019 | 01:47
Francisco Pomares

Es cierto que la democracia se inventó en Grecia, como la filosofía y la oratoria, todas de más prestigio que enjundia. El derecho, la organización de la administración y el análisis del poder son más bien una aportación romana a la cultura común de Occidente. Los romanos eran gente muy práctica, poco dadas al debate o la introspección: su forma de hacer política era más mundana, menos preocupada por las motivaciones y más entregada a los resultados. El hoy conocido como Manual de campaña electoral de Marco Tulio Cicerón debería ser de lectura obligada para cualquier candidato actual con aspiraciones. Y fueron también los romanos los que perfeccionaron el arte del pronóstico, tan necesario en situaciones como esta que hoy vivimos en Canarias, en las que nadie sabe qué va a ocurrir (como bien demuestra esta hiperbólica tira).

Los romanos heredaron de los griegos la práctica de la extispicina, el arte de interpretar las entrañas de animales sacrificados, carneros u ocas preferentemente. Los primeros extispices procedían de Etruria, en el centro de la bota italiana, y antes de asumir su función como augures eran avezados sacrificadores: la política siempre ha tenido cierta preferencia por la carnicería, es oficio más propenso a escuchar las tripas que el cerebro. Vitrubio, arquitecto, ingeniero, escritor y tratadista del siglo I, explica el origen de la práctica adivinatoria: "los antiguos examinaban el hígado de los animales que pacían en los lugares donde querían asentar campamentos o ciudades, y si encontraban su hígado dañado, deducían que aguas y pastos no eran buenos y renunciaban al proyecto". Sin embargo, como ocurre ahora mismo con los sondeos o los análisis postelectorales, las técnicas interpretativas eran tan inciertas y quiméricas como las que hoy gobiernan la cocina de Tezanos y sus vistosos suflés estilo Vox.

En su revisión del Edipo Rey de Sófocles, Seneca nos recuerda que un hígado doble es un augurio terrible, una advertencia fatídica sobre la continuidad de un régimen. En Coalición no son mucho de clásicos, ni siquiera de los suyos propios. Y es una pena, porque en vez de gastarse la pasta en encuestas en La Laguna, Santa Cruz y Canarias (una pasta que ahora van a necesitar) podrían haberse apañado mucho más barato abriendo en canal a un pato o vigilando el canto de las pardelas sagradas (sin necesidad de comérselas luego). O bien, escuchando el graznido de cuervos, grajos y lechuzas. O interpretando el vuelo de las águilas del Quirinal, de buitres y halcones, o la ingesta de los pollos sagrados o los acontecimientos extraordinarios, considerados casi siempre mal augurio.

Es cierto que para ser augur había que ser de buena familia, como para ser concejal de Ciudadanos, pero es porque el cargo era vitalicio (no como ser concejal de Ciudadanos), y además la mancia podía ejercerse ocupando otros cargos sacerdotales o magistraturas. Los romanos se lo tenían bien montado: dado que los augures descifraban la voluntad y deseos de los dioses y en base a ellos podían anular asambleas, elecciones o edictos, el cargo acabó siendo nombrado directamente por el emperador. Cualquiera se atreve a pronosticar contra el que manda? Ese podría ser el origen de la demoscopia por encargo. Y también del periodismo independiente.

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