13 de junio de 2019
13.06.2019
MANUAL DE OBJECIONES

Llámalo X

13.06.2019 | 06:14
Jorge Bethencourt

Los dioses, en su infinita sabiduría, inventaron el lenguaje, con el que los seres humanos se dividen y se confunden. El último invento para la sintaxis política española es el gobierno de cooperación, que es una gran cosa: como un gobierno de coalición pero con mucho maquillaje para taparse los granos.

Pedro Sánchez tiene el mismo problema que Ciudadanos. Para llegar al poder en algunos lugares necesita inexcusablemente del voto de gente con la que no tienen el menor deseo de pactar. Rivera requiere los votos de Vox, pero al mismo tiempo le da repelús aparecer con ellos en las fotos. Lamentablemente es imposible soplar y sorber al mismo tiempo. Es lo mismo que le pasa al PSOE con la indeseada compañía de los independentistas catalanes. O incluso con la molesta y persistente presencia de Podemos. Quieren que estén ahí, pero no muy cerca, porque, como los bancos recién pintados, manchan.

Un gobierno que aparente ser solamente socialista puede recabar más apoyos de terceros que uno de coalición con Podemos. Por eso el PSOE ha planteado la nueva estética de la colaboración. Podría colocar a algún ministro independiente, cercano al partido morado, pero de ninguna manera va a darle una cartera a Pablo Iglesias. Con ello matan dos pájaros de un tiro. Pueden seguir diciendo que no están pactando un gobierno ni repartiendo el poder con ningún otro partido. Y además a Iglesias lo van cociendo lentamente en su propia salsa, negándole -de momento- un ministerio que pide desesperadamente a pesar de que él mismo, hace nada, calificaba despectivamente esas negociaciones de vieja política de lucha de sillones.

La vida tiene esas crueles ironías. Cuando más se ha moderado Pablo Iglesias más le están intentando empujar hacia los extremos en los que habitaba cuando quería tomar el cielo por asalto. Porque a quienes ahora vuelven a dominar el lenguaje les interesa que haya unos extremos residuales en el mapa de la política española. Nada centra más que el extremismo ajeno.

Acuerdos sí, reparto de poder no. Cooperación sí, pero ministerios para Podemos no. Esas van a ser las reglas del juego por lo menos hasta después de la investidura. Sánchez sabe que ahora mismo el viento sopla a favor y está dispuesto a aprovecharse políticamente de la extrema debilidad del aparato del partido de Pablo Iglesias, que necesita tiempo para recuperarse de las graves heridas y divisiones internas que han estado a punto de liquidarles. Un tiempo que nadie les va a dar. Todo lo contrario. Les intentarán obligar a votar una investidura de un gobierno progresista con el único incentivo de evitar que haya otras elecciones. Y al mismo tiempo les mantendrán apartados para que su sombra no impida negociar con otros partidos el acuerdo de investidura.

El diálogo entre PSOE y Podemos está rodeado de dulces palabras y ambiente positivo, pero es venenoso. Iglesias está peleando con uñas y dientes por la supervivencia de su proyecto. Y Pedro Sánchez, con una sonrisa cordial, lo está matando. Llámalo cooperación o llámalo X.

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